He venido desde el sinfín a esta torre
para elevar mi protesta ante la nada
al sentir como la vida se me escapa
como se va engañada por el tiempo
que le ha ofrecido su ilusión de plata.
Dos o tres veces he caido
ante las olas del destino inagotable
mientras riendo se han ido las ilusiones
que en otro tiempo vestidas de oro
y ahora desnudas me han demostrado
de que sirve estar vivo entre las cosas.
He escrito mi epitafio tantas veces
que ya morir se hace rutinario
por eso resucito cada noche
para gozar de mi terreno cielo
en el que nada por fortuna
está contagiado de eternidad.
Mientras me asomo a esta ventana
donde los rayos de un sol de plata
penden de los viejos cristales
como hilos desprendidos
de una inmensa y vieja capa
sigue de cuando en cuando
transitando el mundo,
presiento a lo lejos los pasos
de aquel que nunca ha querido
cumplir la antigua cita
y allá, profundo como el océano
detrás del sordo rumor del aire
escucho latir el corazón ansioso
de alguien que espera que yo también
un día por fin vaya a su encuentro.
para elevar mi protesta ante la nada
al sentir como la vida se me escapa
como se va engañada por el tiempo
que le ha ofrecido su ilusión de plata.
Dos o tres veces he caido
ante las olas del destino inagotable
mientras riendo se han ido las ilusiones
que en otro tiempo vestidas de oro
y ahora desnudas me han demostrado
de que sirve estar vivo entre las cosas.
He escrito mi epitafio tantas veces
que ya morir se hace rutinario
por eso resucito cada noche
para gozar de mi terreno cielo
en el que nada por fortuna
está contagiado de eternidad.
Mientras me asomo a esta ventana
donde los rayos de un sol de plata
penden de los viejos cristales
como hilos desprendidos
de una inmensa y vieja capa
sigue de cuando en cuando
transitando el mundo,
presiento a lo lejos los pasos
de aquel que nunca ha querido
cumplir la antigua cita
y allá, profundo como el océano
detrás del sordo rumor del aire
escucho latir el corazón ansioso
de alguien que espera que yo también
un día por fin vaya a su encuentro.