Joel Linares Moreno
Poeta recién llegado
Hay una urbe que me camina por dentro,
congestionada,
con sus motorizados sobre el rayado
y peatones cruzando por donde no deben,
con semáforos en perenne amarillo,
donde el ruido viste la calle y el grito es moneda corriente.
Hay una ciudad dentro de mí,
atiborrada de habitantes,
con un metro sobrepoblado,
donde viajan ideas que entran y salen.
Hay una megalópolis dentro de mí,
expandiéndose como tiña por los valles de la vida,
con sus normas incumplidas
y sus costumbres meridianas.
Telúrica, volcánica, caribe,
de sol clandestino que mira por las ventanas de cristal ahumado,
de mesitas de media tarde
llena de poesías borrachas.
En una esquina verde,
en un milímetro de cuadra,
hay una fuente de tres rostros,
mi paz y desasosiego.
Intento llegar a ella
cuando agoniza el tiempo,
para vivir un día más.
A veces no llego...
Esa noche no duermo,
esperándola...
congestionada,
con sus motorizados sobre el rayado
y peatones cruzando por donde no deben,
con semáforos en perenne amarillo,
donde el ruido viste la calle y el grito es moneda corriente.
Hay una ciudad dentro de mí,
atiborrada de habitantes,
con un metro sobrepoblado,
donde viajan ideas que entran y salen.
Hay una megalópolis dentro de mí,
expandiéndose como tiña por los valles de la vida,
con sus normas incumplidas
y sus costumbres meridianas.
Telúrica, volcánica, caribe,
de sol clandestino que mira por las ventanas de cristal ahumado,
de mesitas de media tarde
llena de poesías borrachas.
En una esquina verde,
en un milímetro de cuadra,
hay una fuente de tres rostros,
mi paz y desasosiego.
Intento llegar a ella
cuando agoniza el tiempo,
para vivir un día más.
A veces no llego...
Esa noche no duermo,
esperándola...