Adoquines color arena,
baldosas de gris claro;
calles tranquilas,
gente de andar pausado.
Edificios de fachadas blancas,
que esconden cada uno dentro,
mil secretos que a nadie importa
mientras el tiempo, lentamente,
se desgrana como fino polvo.
Fuentes de agua
que su canción cantan;
plazas en las que los gorriones
picotean las migas de pan perdidas,
con ansia.
Perros que se paran
a olisquear las esquinas
mientras sus dueños,
tiran impacientes de la correa,
porque mirando su reloj,
se dicen,
que tarde llegan.
Escaleras que suben,
casi al infinito,
que te llevan a lugares,
tal vez, escondidos.
Autobuses que llegan puntuales
y sus usuarios no corren,
nerviosos, a sus trabajos,
porque saben que el horario cumplen.
Ciudad imaginada,
que nombre no tiene.
En un sueño se formó,
y sucesivamente,
en busca de su paz,
La mente se sumergió.
Los años han pasado;
otros sueños se han tenido
y olvidado,
pero esta ciudad sigue viva
sin haber nacido;
sus ruidos y olores se evocan
como si fuera tu hogar,
tu refugio, tu casa,
tan acogedora como nunca lo será
la que en realidad
en el crudo mundo diario,
te soporta.
baldosas de gris claro;
calles tranquilas,
gente de andar pausado.
Edificios de fachadas blancas,
que esconden cada uno dentro,
mil secretos que a nadie importa
mientras el tiempo, lentamente,
se desgrana como fino polvo.
Fuentes de agua
que su canción cantan;
plazas en las que los gorriones
picotean las migas de pan perdidas,
con ansia.
Perros que se paran
a olisquear las esquinas
mientras sus dueños,
tiran impacientes de la correa,
porque mirando su reloj,
se dicen,
que tarde llegan.
Escaleras que suben,
casi al infinito,
que te llevan a lugares,
tal vez, escondidos.
Autobuses que llegan puntuales
y sus usuarios no corren,
nerviosos, a sus trabajos,
porque saben que el horario cumplen.
Ciudad imaginada,
que nombre no tiene.
En un sueño se formó,
y sucesivamente,
en busca de su paz,
La mente se sumergió.
Los años han pasado;
otros sueños se han tenido
y olvidado,
pero esta ciudad sigue viva
sin haber nacido;
sus ruidos y olores se evocan
como si fuera tu hogar,
tu refugio, tu casa,
tan acogedora como nunca lo será
la que en realidad
en el crudo mundo diario,
te soporta.