Edgar Iván Hernández
Poeta recién llegado
Al Centro Penal viene antes
en busca de un cliente
por quien lograr un honorario
para subsistir a la lluvia
Mucho antes vine
cuando aun era crepúsculo
y vi a los hombres encerrados
en esta patria ciega
donde el silencio
sangraba en sus ojos
Hombres y mujeres amándose
bajo este duro metal
Madres hermanos padres
hijos esposas amigos
todos amantes
Muchos llegaron aquí
a descubrir el amor
otros
llenos de amor llegaron
a descubrir aquí
la muerte
Mis clientes fueron
ladrones de bicicletas
hurtadores de panes
violadores de los misterios
y del silencio
delincuentes contra la violencia pública
difamadores de la serenidad universal
Todos eran pobres
todos eran reyes
todos eran culpables de su angustia
todos eran inocentes de su locura
Los reales culpables
salían al día siguiente
los otros allí morían
Luego no tuve clientes
y para nada visitaba las cárceles
hasta este día
día en que vengo a visitar a mi Hermano
a compartir la voz
con una ala rota
en nuestro vuelo
Hijo de un viento silencioso
vástago olvidado
del amor que un día cayó herido
El odio lo hirió
y la dulzura de sus ojos vuelan
y la fiera de su corazón duerme
mientras yo salgo a desandar
los cabellos de la ciudad
y una gacela muere
entre las mangas rotas de las calles
Hermano nuestro
hermano mío
déjame tus ojos
para continuar tu muerte
dame tu sonrisa
con la que hasta hoy
has sido valiente.
[FONT="] Ayutuxtepeque, San Luis Mariona.1989.
en busca de un cliente
por quien lograr un honorario
para subsistir a la lluvia
Mucho antes vine
cuando aun era crepúsculo
y vi a los hombres encerrados
en esta patria ciega
donde el silencio
sangraba en sus ojos
Hombres y mujeres amándose
bajo este duro metal
Madres hermanos padres
hijos esposas amigos
todos amantes
Muchos llegaron aquí
a descubrir el amor
otros
llenos de amor llegaron
a descubrir aquí
la muerte
Mis clientes fueron
ladrones de bicicletas
hurtadores de panes
violadores de los misterios
y del silencio
delincuentes contra la violencia pública
difamadores de la serenidad universal
Todos eran pobres
todos eran reyes
todos eran culpables de su angustia
todos eran inocentes de su locura
Los reales culpables
salían al día siguiente
los otros allí morían
Luego no tuve clientes
y para nada visitaba las cárceles
hasta este día
día en que vengo a visitar a mi Hermano
a compartir la voz
con una ala rota
en nuestro vuelo
Hijo de un viento silencioso
vástago olvidado
del amor que un día cayó herido
El odio lo hirió
y la dulzura de sus ojos vuelan
y la fiera de su corazón duerme
mientras yo salgo a desandar
los cabellos de la ciudad
y una gacela muere
entre las mangas rotas de las calles
Hermano nuestro
hermano mío
déjame tus ojos
para continuar tu muerte
dame tu sonrisa
con la que hasta hoy
has sido valiente.
[FONT="] Ayutuxtepeque, San Luis Mariona.1989.