marquelo
Negrito villero
Dejemos que venga al trote
el jinete de todos los días.
Dentro del cuero que fue corral
para mil cerdos
La ciudad brota como una espuma
Como el mar que obedece
al látigo del pescador
prístina sentencia para lo que toca
la cabeza
de todo lo que se reza.
De codos las nubes se tensan
en dulces fuerzas de faldas
tendidas en los cordeles de los conventos
Y los cálices como una olla para inciensos
Reverbera el plañidero canto
de un pájaro con hábito de sombra.
Y los bares y las iglesias son espejos
para el mismo codo
hundido en la superficies.
Ciudad que suena cuando alguien la
deja caer en el pavimento
tiene un pecho de madre colgándose
del hijo
espalda de juego con mucho olor a aserrín
Y zapatos dibujados como cabellos
bien ajustados para que quepan en la
cueva del bostezo.
Ciudad de anatomías vertiendo fuego
en las palabras
Y los borrachos de almanaque - como yo-
descuidan los ojos
que se van tras de ti
como una estela que se ondula con el
viento