Nube Gris
Poeta recién llegado
Masacra mis recuerdos en tu mente,
recita cien mil odas para el hombre,
reclama la idiotez del elocuente,
renueva la amistad en nuestro nombre.
Replica lo ironía de mis lamentos,
perturba el corazón del que te ama,
define ora regala clama...
Irrumpe en mi montaña te tormentos.
¡Ea pues adorada musa¡,
misa negra de mis nupcias con la muerte,
que al morirme de tu olvido no hay excusa,
para ser el arlequín que te divierte.
Dejadme olvido
Deja me pierdo en las marañas de la noche,
cuando el viento nos haya lastimado,
cuando la luna de su luz haga derroche,
cuando el tiempo de morirnos ha llegado.
Cuando la vid de tus uvas sea regada con mi sangre,
recordadme siempre en tu cáliz de memorias,
retenedme entre tus hímenes de historias,
translucirme en los clamores de tu hambre.
Y si llega esta muerte que presagio,
y mis restos se remitan al olvido,
se tu pues quien me llore en mi epitafio,
que tu llanto se deslice en un suspiro.
Se pues tu la que entierre mi cordura
la que sacie mis obscenas fantasías
la que vierta su llanto en mi locura
la que mate mis momentos de alegrías.
Muerte negra se tu pues la ejecutora
de clamores que defino en mis poesías.
recita cien mil odas para el hombre,
reclama la idiotez del elocuente,
renueva la amistad en nuestro nombre.
Replica lo ironía de mis lamentos,
perturba el corazón del que te ama,
define ora regala clama...
Irrumpe en mi montaña te tormentos.
¡Ea pues adorada musa¡,
misa negra de mis nupcias con la muerte,
que al morirme de tu olvido no hay excusa,
para ser el arlequín que te divierte.
Dejadme olvido
Deja me pierdo en las marañas de la noche,
cuando el viento nos haya lastimado,
cuando la luna de su luz haga derroche,
cuando el tiempo de morirnos ha llegado.
Cuando la vid de tus uvas sea regada con mi sangre,
recordadme siempre en tu cáliz de memorias,
retenedme entre tus hímenes de historias,
translucirme en los clamores de tu hambre.
Y si llega esta muerte que presagio,
y mis restos se remitan al olvido,
se tu pues quien me llore en mi epitafio,
que tu llanto se deslice en un suspiro.
Se pues tu la que entierre mi cordura
la que sacie mis obscenas fantasías
la que vierta su llanto en mi locura
la que mate mis momentos de alegrías.
Muerte negra se tu pues la ejecutora
de clamores que defino en mis poesías.