Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
Clamor de un niño
de la calle.
Para que me sirve la vida si me la paso llorando,
de que me sirve vivir si han robado mi cielo,
mi vida es un martirio, me ahoga , me azota,
mis pies desnudos se agrietan, siento desvanecer.
Rezan mis derechos en hojas que lleva el viento.
Derechos.
A la protección.
Vivo en la calle expuesto a torrenciales vientos,
la hoguera del sol se apaga con mis lágrimas,
extiendo mis brazos en busca de una caricia
y con discriminación, recibo falsas monedas.
A un nombre y nacionalidad.
Y mi nombre es pisoteado, ultrajado y herido
cuando hablan de justicia con la boca sucia,
ofrecen obras de amor cual máscara maldita
llenando sus bolsillos, dejándome en andrajos.
A la seguridad social.
Sin embargo mi hogar es un fétido rincón
mi alimento las migajas del crematorio
mi cobija el cartón de unos zapatos de cuero
ya mi espalda se queja de tan rústico suelo.
A la personalidad.
Y en tanto harapo me encuentro,
jamás tuve la dicha de un tierno beso,
mi ambiente es lodo, mis amigos los cuervos
y mi alma se fatiga, mi carne se marchita.
A la educación.
Todas las mañanas arrastro mis pies a la escuela
solamente a escuchar el crujir de la campana
que siento como arrullo a mi corazón inquieto
que llora y dibuja sueños más allá de las estrellas.
¡Quisiera saber!
Donde están los que me engendraron
los que arrebataron mi techo,
los que apagaron mi sol y mi luna
los que agrietan mis labios de tanta plegaria.
Y más quisiera saber.
Si escucharán el grito de mi alma
Y me dejarán vivir con dignidad y respeto,
si mis ojos de agonía verán el arcoíris,
si recibiré una suave brisa de amor.
¿Será que el ataúd está en mi espalda?
¿ Y la imagen de mi alma se pierde en un lamento?
¿Y no saben de las ilusiones de un niño?
si no tengo respuesta, digo ¿Para qué la vida ?
(10 de sep, día del niño en Honduras).
Elizabeth Flores.
10 -09 -12.
Rezan mis derechos en hojas que lleva el viento.
Derechos.
A la protección.
Vivo en la calle expuesto a torrenciales vientos,
la hoguera del sol se apaga con mis lágrimas,
extiendo mis brazos en busca de una caricia
y con discriminación, recibo falsas monedas.
A un nombre y nacionalidad.
Y mi nombre es pisoteado, ultrajado y herido
cuando hablan de justicia con la boca sucia,
ofrecen obras de amor cual máscara maldita
llenando sus bolsillos, dejándome en andrajos.
A la seguridad social.
Sin embargo mi hogar es un fétido rincón
mi alimento las migajas del crematorio
mi cobija el cartón de unos zapatos de cuero
ya mi espalda se queja de tan rústico suelo.
A la personalidad.
Y en tanto harapo me encuentro,
jamás tuve la dicha de un tierno beso,
mi ambiente es lodo, mis amigos los cuervos
y mi alma se fatiga, mi carne se marchita.
A la educación.
Todas las mañanas arrastro mis pies a la escuela
solamente a escuchar el crujir de la campana
que siento como arrullo a mi corazón inquieto
que llora y dibuja sueños más allá de las estrellas.
¡Quisiera saber!
Donde están los que me engendraron
los que arrebataron mi techo,
los que apagaron mi sol y mi luna
los que agrietan mis labios de tanta plegaria.
Y más quisiera saber.
Si escucharán el grito de mi alma
Y me dejarán vivir con dignidad y respeto,
si mis ojos de agonía verán el arcoíris,
si recibiré una suave brisa de amor.
¿Será que el ataúd está en mi espalda?
¿ Y la imagen de mi alma se pierde en un lamento?
¿Y no saben de las ilusiones de un niño?
si no tengo respuesta, digo ¿Para qué la vida ?
(10 de sep, día del niño en Honduras).
Elizabeth Flores.
10 -09 -12.
Última edición: