Jose Dominguez
Poeta asiduo al portal
¡Las hojas han caído de los árboles!
y la primavera apura en la Estación;
los nidos abrigan la eclosión
entre ramas y plumas infectadas.
También las aves mutando
en un orden insensato
ciegas de hollín, sordas de silbatos
mudas de su canto original.
El agua ácida filtra el terrón
donde el raigón bebe consternado
el zumo turbio y tósigo;
sin piedad, por el hombre provocado.
¡Las hojas han caído de los árboles!
y en una exigua flor
famélicas, enervadas
abejas al cielo claman:
¿¡Dónde es que mora Dios!?
JDz.
y la primavera apura en la Estación;
los nidos abrigan la eclosión
entre ramas y plumas infectadas.
También las aves mutando
en un orden insensato
ciegas de hollín, sordas de silbatos
mudas de su canto original.
El agua ácida filtra el terrón
donde el raigón bebe consternado
el zumo turbio y tósigo;
sin piedad, por el hombre provocado.
¡Las hojas han caído de los árboles!
y en una exigua flor
famélicas, enervadas
abejas al cielo claman:
¿¡Dónde es que mora Dios!?
JDz.