Claro en la Selva. Un poema de Canto al Orinoco (Luz Machado)

Camy

Camelia Miranda
200px-Luz_Machado.jpg


Luz Machado
(Ciudad Bolívar, 3 de febrero de 1916 - Caracas, 11 de agosto de 1999), fue una poeta, ensayista y diplomática venezolana. Galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987.
Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, fundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana.


Poemas de Canto al Orinoco (1953)

CLARO EN LA SELVA

Quedó la niebla atrás. Y la penumbra.
Aquí la soledad erige muros de vidrio triturándose,
crepitando en el incendio de su claridad destruida.
Su corazón sostiene un lirio de greda roja
y dos ventanas ebrias,
y por ellas
la selva es una inmensa mariposa de limo
con alas como anillos.
Reptiles y batracios repiten las líneas del vuelo en el pantano.
Cada rumbo seguido por los pájaros
alucina sus ojos con la fábula
y buscando el reflejo
uno sobre otro crecen en la promiscuidad del cieno.
Llevan la cuenta de las plumas caídas
en cada mordedura de la brisa,
hasta que al fin la bestia más bella de la selva
—por ágil y sedienta—
en sus colmillos rinde la jornada libérrima.


Dulce venado de la piel otoñal y la cabeza en celo,
con un acorde de café en los ojos
y una fuga de flautas en la huida,
por cada uno de vosotros sometido
a orillas de la fuente
yo os doy el amor último,
¡que es la memoria entera del amor!

Atrás quedó la niebla.

El cielo aquí abre su sombrilla de encajes,
su gran hongo de sedas descarriadas
y siempre perseguida por los vientos más fieles.
Ya descubro el secreto de la selva:
los duendes del silencio gritan entre los robles,
frotan nuestras palabras contra los pedernales,
hacen saltar la admonición como lagartos negros,
arrastran lentas cadenas de alaridos,
llaman con voces íntimas
y en mitad del encuentro nos abandonan más ciegos y afiebrados;
alzan lámparas verdes como lenguas de jade
con una luz que arrastra los sentidos
y hace saltar el corazón del musgo.
Azotan la piel de las frutas,
hinchan los juncos, soplan los ramajes
y el recinto vegetal colman de moscardones,
de un coro oscuro, silbante, susurrante,
y en las ramas, posadas en una espera ávida
entre iguanas y ortigas suenan las mariposas
y descubren los pájaros los duendes y su origen:

Adentro el campanero cuelga su canto blanco
en las móviles cimas
y el de siete colores desteje el arco iris por puntadas.
En un rito la sombra unta el breve plumaje del moriche
y el arrendajo y el turpial comparten la anochecida forma,
mas, bebiendo del sol, salvan el canto
y se doran los pechos y las alas.
La luz de los diamantes quiebra su varillaje de violento abanico
sobre los guacamayos.
Entre la randa verde, lirios de humo
corta volando el pájaro de plata.
En cada cardenal —brasa dispersa—
la garganta del fuego gime y canta
y el cristofué nacido de esmeralda
y en oro bautizado,
busca el anillo en que asentar su vuelo.

Aquí el color se desintegra y canta.
Labrado en aire
el vitral de los vuelos se destroza
en aleteo constante,
sin sacrificio ni pavor ni alarma.
Nada esclaviza el súbito archipiélago
cuya fugacidad salva el más bello
territorio mortal,
el contemplado en oros bajo el día,
el guarecido en hojas de azabache
cuando la luz recoge la arboleda,
el de la miel y el pétalo temblando
en el espacio ecuatorial del verde,
el del polvo y la hormiga con la muerte,
el del viento y la estrella con la vida.

Aquí el miedo suelta su ancla temblorosa
en la más firme tierra.
Y sus fríos apretados en piedras y en estratos
ganan un lento sol, limpian la herrumbre
de tanta sal original.
Y el hombre vencido en el amor,
quieto en el éxtasis,
es, él mismo, el nuevo árbol, la fuente próxima,
el incendio futuro,
tierra gestando el nuevo paraíso.

Queda la niebla atrás y los misterios
y los ramos de helecho vuelto polvo.
La flor de ávido cáliz bebiéndose la luz de los cocuyos,
el plenilunio tenso como un cuero de plata
y la noche llamando para un ensalmo negro,
los pálidos columpios del bejuco
donde la lluvia asienta su desvelo perenne,
los venenos del árbol y de los caracoles,
la muerte en el curare, el espasmo en la yupa,
la danza entre los mimbres, la cúpula de plumas,
el mapire con huesos limpios por los caribes,
el tatuaje de añil, de azafrán y de onoto,
ese inmenso tapiz de grito y reverencia
que es el hombre en la selva.


Esto es un claro en la montaña.
Y aquí duermen las víboras con los pericos
mientras el retoño alrededor despunta su cúpula gozosa.
Nada perturba el diálogo de los monos a distancia
al encender en mitad de nuestra ronda fatigada
la rosa de montaña de las fogatas.
Lentas pasan las horas, lentas.
Apenas en un vuelo se reconoce el tránsito.
Mana el tiempo su agua densa y oscura
y en mitad del jagüey los hombres escarban su soledad
como una mazorca de tremante poderío.

¿Quién busca el horizonte? ¿Cómo eludir la impavidez del árbol
si hasta los ojos son dos hojas verdes
donde el gusano de la luz devora
la imagen de la tierra?

Vamos hacia el conocimiento.
Nos acompañan los amuletos de nuestras mujeres
y este vago recuerdo del primer hombre empujándonos hacia la tentación.

 
200px-Luz_Machado.jpg


Luz Machado
(Ciudad Bolívar, 3 de febrero de 1916 - Caracas, 11 de agosto de 1999), fue una poeta, ensayista y diplomática venezolana. Galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987.
Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, fundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana.


Poemas de Canto al Orinoco (1953)

CLARO EN LA SELVA

Quedó la niebla atrás. Y la penumbra.
Aquí la soledad erige muros de vidrio triturándose,
crepitando en el incendio de su claridad destruida.
Su corazón sostiene un lirio de greda roja
y dos ventanas ebrias,
y por ellas
la selva es una inmensa mariposa de limo
con alas como anillos.
Reptiles y batracios repiten las líneas del vuelo en el pantano.
Cada rumbo seguido por los pájaros
alucina sus ojos con la fábula
y buscando el reflejo
uno sobre otro crecen en la promiscuidad del cieno.
Llevan la cuenta de las plumas caídas
en cada mordedura de la brisa,
hasta que al fin la bestia más bella de la selva
—por ágil y sedienta—
en sus colmillos rinde la jornada libérrima.


Dulce venado de la piel otoñal y la cabeza en celo,
con un acorde de café en los ojos
y una fuga de flautas en la huida,
por cada uno de vosotros sometido
a orillas de la fuente
yo os doy el amor último,
¡que es la memoria entera del amor!

Atrás quedó la niebla.

El cielo aquí abre su sombrilla de encajes,
su gran hongo de sedas descarriadas
y siempre perseguida por los vientos más fieles.
Ya descubro el secreto de la selva:
los duendes del silencio gritan entre los robles,
frotan nuestras palabras contra los pedernales,
hacen saltar la admonición como lagartos negros,
arrastran lentas cadenas de alaridos,
llaman con voces íntimas
y en mitad del encuentro nos abandonan más ciegos y afiebrados;
alzan lámparas verdes como lenguas de jade
con una luz que arrastra los sentidos
y hace saltar el corazón del musgo.
Azotan la piel de las frutas,
hinchan los juncos, soplan los ramajes
y el recinto vegetal colman de moscardones,
de un coro oscuro, silbante, susurrante,
y en las ramas, posadas en una espera ávida
entre iguanas y ortigas suenan las mariposas
y descubren los pájaros los duendes y su origen:

Adentro el campanero cuelga su canto blanco
en las móviles cimas
y el de siete colores desteje el arco iris por puntadas.
En un rito la sombra unta el breve plumaje del moriche
y el arrendajo y el turpial comparten la anochecida forma,
mas, bebiendo del sol, salvan el canto
y se doran los pechos y las alas.
La luz de los diamantes quiebra su varillaje de violento abanico
sobre los guacamayos.
Entre la randa verde, lirios de humo
corta volando el pájaro de plata.
En cada cardenal —brasa dispersa—
la garganta del fuego gime y canta
y el cristofué nacido de esmeralda
y en oro bautizado,
busca el anillo en que asentar su vuelo.

Aquí el color se desintegra y canta.
Labrado en aire
el vitral de los vuelos se destroza
en aleteo constante,
sin sacrificio ni pavor ni alarma.
Nada esclaviza el súbito archipiélago
cuya fugacidad salva el más bello
territorio mortal,
el contemplado en oros bajo el día,
el guarecido en hojas de azabache
cuando la luz recoge la arboleda,
el de la miel y el pétalo temblando
en el espacio ecuatorial del verde,
el del polvo y la hormiga con la muerte,
el del viento y la estrella con la vida.

Aquí el miedo suelta su ancla temblorosa
en la más firme tierra.
Y sus fríos apretados en piedras y en estratos
ganan un lento sol, limpian la herrumbre
de tanta sal original.
Y el hombre vencido en el amor,
quieto en el éxtasis,
es, él mismo, el nuevo árbol, la fuente próxima,
el incendio futuro,
tierra gestando el nuevo paraíso.

Queda la niebla atrás y los misterios
y los ramos de helecho vuelto polvo.
La flor de ávido cáliz bebiéndose la luz de los cocuyos,
el plenilunio tenso como un cuero de plata
y la noche llamando para un ensalmo negro,
los pálidos columpios del bejuco
donde la lluvia asienta su desvelo perenne,
los venenos del árbol y de los caracoles,
la muerte en el curare, el espasmo en la yupa,
la danza entre los mimbres, la cúpula de plumas,
el mapire con huesos limpios por los caribes,
el tatuaje de añil, de azafrán y de onoto,
ese inmenso tapiz de grito y reverencia
que es el hombre en la selva.


Esto es un claro en la montaña.
Y aquí duermen las víboras con los pericos
mientras el retoño alrededor despunta su cúpula gozosa.
Nada perturba el diálogo de los monos a distancia
al encender en mitad de nuestra ronda fatigada
la rosa de montaña de las fogatas.
Lentas pasan las horas, lentas.
Apenas en un vuelo se reconoce el tránsito.
Mana el tiempo su agua densa y oscura
y en mitad del jagüey los hombres escarban su soledad
como una mazorca de tremante poderío.

¿Quién busca el horizonte? ¿Cómo eludir la impavidez del árbol
si hasta los ojos son dos hojas verdes
donde el gusano de la luz devora
la imagen de la tierra?

Vamos hacia el conocimiento.
Nos acompañan los amuletos de nuestras mujeres
y este vago recuerdo del primer hombre empujándonos hacia la tentación.


Así de sobrecogedor sigue siendo el Padre Río, así gigante y densa sigue siendo la selva. La misma selva de Marcos Vargas en Canaima, enmarcada en la patria a la que cantaron Arráez, Pérez Bonalde y Andrés Bello, entre otros y otras.

Selva mariposa de pericos atrapados en soledades cristalinas, en jagüeyes profundos, como un alma. Selva sin palabras y con la canción del río. Selva de monos y venados, claro de selva florido. Río y selva, selva y río... escritos bajo el testimonio sensible de una mujer poeta.

¡Vive eterna, Luz Machado! Tú te habrás ido, pero tus poemas se quedaron con el río.

......

Si se votara por cosas importantes en este país (y no por las idioteces por las que a cada rato se vota), si se votara, por ejemplo, para tener una embajadora o embajador de la poesía venezolana, de las poetas venezolanas, de los poetas venezolanos, yo votaría por ti, Camelia Miranda.

Desde mi corazón, GRACIAS.
 
Así de sobrecogedor sigue siendo el Padre Río, así gigante y densa sigue siendo la selva. La misma selva de Marcos Vargas en Canaima, enmarcada en la patria a la que cantaron Arráez, Pérez Bonalde y Andrés Bello, entre otros y otras.

Selva mariposa de pericos atrapados en soledades cristalinas, en jagüeyes profundos, como un alma. Selva sin palabras y con la canción del río. Selva de monos y venados, claro de selva florido. Río y selva, selva y río... escritos bajo el testimonio sensible de una mujer poeta.

¡Vive eterna, Luz Machado! Tú te habrás ido, pero tus poemas se quedaron con el río.

......

Si se votara por cosas importantes en este país (y no por las idioteces por las que a cada rato se vota), si se votara, por ejemplo, para tener una embajadora o embajador de la poesía venezolana, de las poetas venezolanas, de los poetas venezolanos, yo votaría por ti, Camelia Miranda.

Desde mi corazón, GRACIAS.
Cuanta belleza en tus palabras Julio César!!
Versos llenos de poesía de tu alma en este hermosísimo comentario, que vuela mucho más allá, pues se palpa la mirada emocionada que traspasa pantalla.
Infinitas gracias por tu presencia, que ya es un premio en este Foro, poder llegar a través de estas misioneras mujeres que marcaron tan significativamente la senda literaria de nuestra bella Venezuela. Y por creer que bien pudiera abanderar a las poetas venezolanas a cualquier rincón del mundo.
Un abrazo, hermanado, bonito!!!
Camelia
 
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Luz Machado
(Ciudad Bolívar, 3 de febrero de 1916 - Caracas, 11 de agosto de 1999), fue una poeta, ensayista y diplomática venezolana. Galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987.
Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, fundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana.


Poemas de Canto al Orinoco (1953)

CLARO EN LA SELVA

Quedó la niebla atrás. Y la penumbra.
Aquí la soledad erige muros de vidrio triturándose,
crepitando en el incendio de su claridad destruida.
Su corazón sostiene un lirio de greda roja
y dos ventanas ebrias,
y por ellas
la selva es una inmensa mariposa de limo
con alas como anillos.
Reptiles y batracios repiten las líneas del vuelo en el pantano.
Cada rumbo seguido por los pájaros
alucina sus ojos con la fábula
y buscando el reflejo
uno sobre otro crecen en la promiscuidad del cieno.
Llevan la cuenta de las plumas caídas
en cada mordedura de la brisa,
hasta que al fin la bestia más bella de la selva
—por ágil y sedienta—
en sus colmillos rinde la jornada libérrima.


Dulce venado de la piel otoñal y la cabeza en celo,
con un acorde de café en los ojos
y una fuga de flautas en la huida,
por cada uno de vosotros sometido
a orillas de la fuente
yo os doy el amor último,
¡que es la memoria entera del amor!

Atrás quedó la niebla.

El cielo aquí abre su sombrilla de encajes,
su gran hongo de sedas descarriadas
y siempre perseguida por los vientos más fieles.
Ya descubro el secreto de la selva:
los duendes del silencio gritan entre los robles,
frotan nuestras palabras contra los pedernales,
hacen saltar la admonición como lagartos negros,
arrastran lentas cadenas de alaridos,
llaman con voces íntimas
y en mitad del encuentro nos abandonan más ciegos y afiebrados;
alzan lámparas verdes como lenguas de jade
con una luz que arrastra los sentidos
y hace saltar el corazón del musgo.
Azotan la piel de las frutas,
hinchan los juncos, soplan los ramajes
y el recinto vegetal colman de moscardones,
de un coro oscuro, silbante, susurrante,
y en las ramas, posadas en una espera ávida
entre iguanas y ortigas suenan las mariposas
y descubren los pájaros los duendes y su origen:

Adentro el campanero cuelga su canto blanco
en las móviles cimas
y el de siete colores desteje el arco iris por puntadas.
En un rito la sombra unta el breve plumaje del moriche
y el arrendajo y el turpial comparten la anochecida forma,
mas, bebiendo del sol, salvan el canto
y se doran los pechos y las alas.
La luz de los diamantes quiebra su varillaje de violento abanico
sobre los guacamayos.
Entre la randa verde, lirios de humo
corta volando el pájaro de plata.
En cada cardenal —brasa dispersa—
la garganta del fuego gime y canta
y el cristofué nacido de esmeralda
y en oro bautizado,
busca el anillo en que asentar su vuelo.

Aquí el color se desintegra y canta.
Labrado en aire
el vitral de los vuelos se destroza
en aleteo constante,
sin sacrificio ni pavor ni alarma.
Nada esclaviza el súbito archipiélago
cuya fugacidad salva el más bello
territorio mortal,
el contemplado en oros bajo el día,
el guarecido en hojas de azabache
cuando la luz recoge la arboleda,
el de la miel y el pétalo temblando
en el espacio ecuatorial del verde,
el del polvo y la hormiga con la muerte,
el del viento y la estrella con la vida.

Aquí el miedo suelta su ancla temblorosa
en la más firme tierra.
Y sus fríos apretados en piedras y en estratos
ganan un lento sol, limpian la herrumbre
de tanta sal original.
Y el hombre vencido en el amor,
quieto en el éxtasis,
es, él mismo, el nuevo árbol, la fuente próxima,
el incendio futuro,
tierra gestando el nuevo paraíso.

Queda la niebla atrás y los misterios
y los ramos de helecho vuelto polvo.
La flor de ávido cáliz bebiéndose la luz de los cocuyos,
el plenilunio tenso como un cuero de plata
y la noche llamando para un ensalmo negro,
los pálidos columpios del bejuco
donde la lluvia asienta su desvelo perenne,
los venenos del árbol y de los caracoles,
la muerte en el curare, el espasmo en la yupa,
la danza entre los mimbres, la cúpula de plumas,
el mapire con huesos limpios por los caribes,
el tatuaje de añil, de azafrán y de onoto,
ese inmenso tapiz de grito y reverencia
que es el hombre en la selva.


Esto es un claro en la montaña.
Y aquí duermen las víboras con los pericos
mientras el retoño alrededor despunta su cúpula gozosa.
Nada perturba el diálogo de los monos a distancia
al encender en mitad de nuestra ronda fatigada
la rosa de montaña de las fogatas.
Lentas pasan las horas, lentas.
Apenas en un vuelo se reconoce el tránsito.
Mana el tiempo su agua densa y oscura
y en mitad del jagüey los hombres escarban su soledad
como una mazorca de tremante poderío.

¿Quién busca el horizonte? ¿Cómo eludir la impavidez del árbol
si hasta los ojos son dos hojas verdes
donde el gusano de la luz devora
la imagen de la tierra?

Vamos hacia el conocimiento.
Nos acompañan los amuletos de nuestras mujeres
y este vago recuerdo del primer hombre empujándonos hacia la tentación.

Querida Camelia, tiene mucha razón Cesar Guevar cuando te dice que: " Si se votara por cosas importantes en este país (y no por las idioteces por las que a cada rato se vota), si se votara, por ejemplo, para tener una embajadora o embajador de la poesía venezolana, de las poetas venezolanas, de los poetas venezolanos, yo votaría por ti, Camelia Miranda."
Para este foro nuestros tú ya eres esa embajadora de la poesía Venezolana, un lujo tus aportaciones que nos acercan a Grandes poetas de valía de ese maravilloso país tuyo.
Yo he elegido entres los muchos e importantes trabajos, el tema, "La casa por dentro " :
"es el libro que dio paso a Luz Machado como mujer divorciada, por eso su texto fue publicado después de 20 años de escrito, sin su apellido de casada, pues este era el grillete que a su parecer la mantenía atada a la vigilancia impuesta por las pactos sociales. Asimismo, fue un trabajo que abrió camino para otras creadoras; su poesía es inquieta, se aleja de la norma de su época para abordar temáticas hasta ese momento poco exploradas en la poesía venezolana escrita por mujeres.
Para finalizar, descubramos ahora nuestra propia casa, haciendo una lectura completa de su trabajo más celebrado, y que dio título a su segundo poemario:

LA CASA POR DENTRO
A la Poesía
La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.
1948.

En definitiva querida Camy, Gracias, una vez más por esta excepcional Poeta. Una suerte tenerte aquí.
Un abrazo grande, mi niña, espero que todo vaya bien en tu vida.
Un enorme abrazo.
Isabel

https://www.elnacional.com/papel-literario/la-casa-por-carcel-en-la-casa-por-dentro/

https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/03/10/poemas-de-luz-machado/#more-4905



 
Última edición:
Querida Camelia, tiene mucha razón Cesar Guevar cuando te dice que: " Si se votara por cosas importantes en este país (y no por las idioteces por las que a cada rato se vota), si se votara, por ejemplo, para tener una embajadora o embajador de la poesía venezolana, de las poetas venezolanas, de los poetas venezolanos, yo votaría por ti, Camelia Miranda."
Para este foro nuestros tú ya eres esa embajadora de la poesía Venezolana, un lujo tus aportaciones que nos acercan a Grandes poetas de valía de ese maravilloso país tuyo.
Yo he elegido entres los muchos e importantes trabajos, el tema, "La casa por dentro " :
"es el libro que dio paso a Luz Machado como mujer divorciada, por eso su texto fue publicado después de 20 años de escrito, sin su apellido de casada, pues este era el grillete que a su parecer la mantenía atada a la vigilancia impuesta por las pactos sociales. Asimismo, fue un trabajo que abrió camino para otras creadoras; su poesía es inquieta, se aleja de la norma de su época para abordar temáticas hasta ese momento poco exploradas en la poesía venezolana escrita por mujeres.
Para finalizar, descubramos ahora nuestra propia casa, haciendo una lectura completa de su trabajo más celebrado, y que dio título a su segundo poemario:

LA CASA POR DENTRO
A la Poesía
La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.
1948.

En definitiva querida Camy, Gracias, una vez más por esta excepcional Poeta. Una suerte tenerte aquí.
Un abrazo grande, mi niña, espero que todo vaya bien en tu vida.
Un enorme abrazo.
Isabel

https://www.elnacional.com/papel-literario/la-casa-por-carcel-en-la-casa-por-dentro/

https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/03/10/poemas-de-luz-machado/#more-4905


Isabel, es el espacio de Camelia, pero igualmente, como venezolano, no puedo sustraerme de darte las gracias por tus palabras y por hacer público este poema tan profundo y hermoso. Una de las más brillantes gemas de nuestra alma literaria.

Camy, amiga, perdón por invadir tu espacio, por el impulso... Eso es lo que [me] provocas cuando publicas vainas tan maravillosas como el poema de Luz que trajiste a la luz.
 
la selva, camy, es un elemento poderoso-

podemos hablar de la selva desde ambas perspectivas, la de la metáfora y la de la realidad tangible que podemos sostener en nuestras manos.

como metáfora, digamos que vendría a simbolizar la locura: como tan bien lo plasman werner herzog y ford coppolas en sus respectivas obras cumbres. adentrarse en la oscurridad de la selva, viajando a través de sus ríos insondables traza una línea paralela a perderse dentro de la locura propia.

incluída la locura del amor. o hacia la locura del conocimiento (luz machado hace el viaje completo).

y sin embargo, la selva también es ese paraíso maravilloso. quién no conoce la selva latinoamericana, probablemente debería estar pensando ya mismo en hacerlo.

este poema es extenso, pero vale la pena leerlo.

salud, camy.
 
Querida Camelia, tiene mucha razón Cesar Guevar cuando te dice que: " Si se votara por cosas importantes en este país (y no por las idioteces por las que a cada rato se vota), si se votara, por ejemplo, para tener una embajadora o embajador de la poesía venezolana, de las poetas venezolanas, de los poetas venezolanos, yo votaría por ti, Camelia Miranda."
Para este foro nuestros tú ya eres esa embajadora de la poesía Venezolana, un lujo tus aportaciones que nos acercan a Grandes poetas de valía de ese maravilloso país tuyo.
Yo he elegido entres los muchos e importantes trabajos, el tema, "La casa por dentro " :
"es el libro que dio paso a Luz Machado como mujer divorciada, por eso su texto fue publicado después de 20 años de escrito, sin su apellido de casada, pues este era el grillete que a su parecer la mantenía atada a la vigilancia impuesta por las pactos sociales. Asimismo, fue un trabajo que abrió camino para otras creadoras; su poesía es inquieta, se aleja de la norma de su época para abordar temáticas hasta ese momento poco exploradas en la poesía venezolana escrita por mujeres.
Para finalizar, descubramos ahora nuestra propia casa, haciendo una lectura completa de su trabajo más celebrado, y que dio título a su segundo poemario:

LA CASA POR DENTRO
A la Poesía
La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.
1948.

En definitiva querida Camy, Gracias, una vez más por esta excepcional Poeta. Una suerte tenerte aquí.
Un abrazo grande, mi niña, espero que todo vaya bien en tu vida.
Un enorme abrazo.
Isabel

https://www.elnacional.com/papel-literario/la-casa-por-carcel-en-la-casa-por-dentro/

https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/03/10/poemas-de-luz-machado/#more-4905

Querida Isabel
Tu apoyo y aporte infaltable viene a dar más luminosidad a la obra de esta poeta grande de mi tierra. Traer cada poeta, recorrer su senda, es un viaje seguro de tantas emociones, desde la profunda tristeza hasta los lauros que las elevaron. Es llenarse con sus historias e ir comprendiendo el significado de su sentir, de sus luchas en el momento hitórico que les tocó vivir.

Gracias inmensas por el precioso poema que nos compartes, por tu abrazo que llega con especial cariño y estar atenta a mi bien particular.
Todo bien por este lado y te deseo el máximo parabien en tus días.
Recibe un abrazo muy fuerte!!
Con todo mi cariño
Camelia
 
Última edición:
Isabel, es el espacio de Camelia, pero igualmente, como venezolano, no puedo sustraerme de darte las gracias por tus palabras y por hacer público este poema tan profundo y hermoso. Una de las más brillantes gemas de nuestra alma literaria.

Camy, amiga, perdón por invadir tu espacio, por el impulso... Eso es lo que [me] provocas cuando publicas vainas tan maravillosas como el poema de Luz que trajiste a la luz.
Nada que perdonar Julio César, sabes que puedes venir las veces que así lo desees
Agradecida sí, por externar tu sentir y aportar con emoción en este espacio.
Otro abrazo!
Camelia
 
la selva, camy, es un elemento poderoso-

podemos hablar de la selva desde ambas perspectivas, la de la metáfora y la de la realidad tangible que podemos sostener en nuestras manos.

como metáfora, digamos que vendría a simbolizar la locura: como tan bien lo plasman werner herzog y ford coppolas en sus respectivas obras cumbres. adentrarse en la oscurridad de la selva, viajando a través de sus ríos insondables traza una línea paralela a perderse dentro de la locura propia.

incluída la locura del amor. o hacia la locura del conocimiento (luz machado hace el viaje completo).

y sin embargo, la selva también es ese paraíso maravilloso. quién no conoce la selva latinoamericana, probablemente debería estar pensando ya mismo en hacerlo.

este poema es extenso, pero vale la pena leerlo.

salud, camy.
Y mi tierra una hermosa e inmensa selva. Un milagro-pulmón y vida, regalo de la naturaleza.
Luz tuvo una relación muy estrecha, su canto en letras fue siempre un latir constante.
Leer los poemas del libro Canto al Orinoco, te pasea no sólo por la senda del llano venezolano, es ese adentrarse a la raíz hombre-campo y cultura, como sus glosas escudriñan el latido de una época.

Y es cierto, no sólo es apreciarla en fotos y libros, porque recorrerla es garantía de inolvidables momentos.

Gracias inmensas Charlie por tu constante paso y valiosos comentarios

Un abrazo!
Feliz fin de semana!

Camelia
 

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