joanna_dt
Poeta adicto al portal
Esperanza, mi esencia con tu aguanieve de versos
moja los delicados capullos de mis sentimientos.
Purifica el corazón con tus aguas claras:
dame un beso que me abrace mientras crezco.
Era el cartílago la soledad de imperio:
las manos bañadas, el sepulcro de los tiempos,
la ríspida angustia del semblante,
la terrible oquedad de los lamentos.
Sopla sobre mí tu fragante aroma de savias.
Hazme parte de ti, de tu amparo...de tu templo,
la oración de los crepúsculos amapolados,
la promesa viva del alba al descubierto.
Más allá se fue cayendo todo.
Como una noche aciaga que colgaba en mi mejilla
los ojos se clavaron al vacío,
y la muerte, expectante, me besaba con su frío estío.
Dame el calor de tu sol centelleante.
Haz de mis noches taciturnas despertares hermosos.
Permíteme el vuelo en tu espacio infinito:
fulgurante, inmenso...lleno de presagios gloriosos.
Fue la tumba, ¡tan sólo aquella tumba!,
un grito espectral y de agonía.
La esperanza carcomida era como un diente calcinado.
Era la hora de la nada: sólo un grito en la garganta.
Es tu eternidad ¡tan sólo eternidad!
la entonación magistral que vibra de tu brisa,
el aliento que me das al mirarme en tus pupilas,
el momento del todo: ¡la victoria de la vida!
moja los delicados capullos de mis sentimientos.
Purifica el corazón con tus aguas claras:
dame un beso que me abrace mientras crezco.
Era el cartílago la soledad de imperio:
las manos bañadas, el sepulcro de los tiempos,
la ríspida angustia del semblante,
la terrible oquedad de los lamentos.
Sopla sobre mí tu fragante aroma de savias.
Hazme parte de ti, de tu amparo...de tu templo,
la oración de los crepúsculos amapolados,
la promesa viva del alba al descubierto.
Más allá se fue cayendo todo.
Como una noche aciaga que colgaba en mi mejilla
los ojos se clavaron al vacío,
y la muerte, expectante, me besaba con su frío estío.
Dame el calor de tu sol centelleante.
Haz de mis noches taciturnas despertares hermosos.
Permíteme el vuelo en tu espacio infinito:
fulgurante, inmenso...lleno de presagios gloriosos.
Fue la tumba, ¡tan sólo aquella tumba!,
un grito espectral y de agonía.
La esperanza carcomida era como un diente calcinado.
Era la hora de la nada: sólo un grito en la garganta.
Es tu eternidad ¡tan sólo eternidad!
la entonación magistral que vibra de tu brisa,
el aliento que me das al mirarme en tus pupilas,
el momento del todo: ¡la victoria de la vida!
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