Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Aún perdura el olor de tu mirada,
las ramificaciones de tu cuerpo,
como un árbol desnudo,
con otoños encima de mi cama,
que hablan dialectos mudos, variopintos.
Solo sombra y pintura,
silenciosa con ecos de madera,
crujes toda mi voz,
desde un vaso de agua hasta un escalofrío.
Te adentras en espejos,
me observas con mis ojos,
en medio de mis cejas,
en mitad de ese grito que son las horas muertas.
Esta no es mi nostalgia,
ni un dolor que me arranca el firmamento,
tu pedazo de cielo rodea mis pasillos,
y me abrazan los pulpos que caen de mis lámparas
en forma de penumbra,
y a ciegas,
con tu color chillón, solo tú, solo tú,
gimes en la noche.
las ramificaciones de tu cuerpo,
como un árbol desnudo,
con otoños encima de mi cama,
que hablan dialectos mudos, variopintos.
Solo sombra y pintura,
silenciosa con ecos de madera,
crujes toda mi voz,
desde un vaso de agua hasta un escalofrío.
Te adentras en espejos,
me observas con mis ojos,
en medio de mis cejas,
en mitad de ese grito que son las horas muertas.
Esta no es mi nostalgia,
ni un dolor que me arranca el firmamento,
tu pedazo de cielo rodea mis pasillos,
y me abrazan los pulpos que caen de mis lámparas
en forma de penumbra,
y a ciegas,
con tu color chillón, solo tú, solo tú,
gimes en la noche.
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