Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi estimada amiga, hecho de menos tus visitas, hasta este rincón, esta casa gris que ya, es la tuya…
Tú eres mi único contacto con la realidad de ese mundo que de veras existe...Por eso y, porque se que de veras nos tenemos un afecto mutuo, incomprensible, mas real, es que te cuento , y necesito narrarte todas estas cosas que ocupan mi mente…
Espero verte pronto, en esta casa, o en los otros lugares...y conversar…
De momento te escribo, mi último viaje, mi última salida, que ,como podrás comprobar, no varia mucho de las demás…
Claudia...
Siempre, despierto rodeada de preguntas, de respuestas que no entiendo...¿cómo he llegado aquí? ¿qué debo aprender? No lo se, no me llega el entendimiento, y comienzo a vivir el momento, a respirar el ambiente, para que se cuaje como cigoto en mi memoria y el día deseado sacarlo de mi sistema y ser aquello para lo que nací.
Vuelvo a esta casa de grandes ventanales, es como si alguien, se empeñara en mostrarme esa libertad que no tengo a través de la transparencia del cristal. Salgo fuera, descalza, con mis cabellos sin cepillar como siempre, y mis tejanos y camisa blanca...En la puerta hay un niño, como de seis años que me sonríe, y me llena de ternura al ver que le faltan dientes, es tan bonito. Él está, descalzo, parece algo desnutrido, y yo le abrazo y le ofrezco un helado, pero veo que tras de él, hay mas niños, quizá con menos necesidades, pero niños al fin y al cabo, con los mismos deseos y necesidades de afecto. Le guiño el ojo a mi pequeño sin dientes, y le digo que mas tarde le daré el helado, pues no hay para todos...Él se conforma, me sorprende con ese gesto.
De pronto le miro y siento que le conozco que algo tiene en mi, flashes como haces de luz de cruzan y me veo con él en lugares cuadrados, como si fueran cubos oscuros, donde le protejo con mi vida, sabe Dios de que.
En un rato, me quedo de nuevo sola en aquella casa gris llena de ventanales. Mis ropas ahora están rotas, envejecidas, como desgastadas por el tiempo y el salitre de la marea. Mi casa está en una playa sin salida. Intento como cada día pasar al otro lado a través de los riscos, estos son cortantes, como de piedra volcánica, aunque grises, el color que siempre predomina. Me rasgan la piel hasta sangrar, mas yo sigo en mi empeño de atravesarlos y llegar al otro lado. Escucho su voz, la voz del ángel que siempre me acompaña, de mi amor imaginario que me dice impasible: Mira todo el daño que te causas, mirate como sangras sin frutos...no puedes Claudia, no puedes tú sola…
Pero yo, esta vez me alzo en rebeldía y continuo, a pesar de ver como mi piel se rompe con cada paso...ríos de sangre corren por mi cuerpo, pero no siento dolor, no siento nada y comienzo a llorar…
Allí a lo lejos está él, en una más de sus versiones, pero siempre él…
Y sólo es él, el que me retine para no lanzarme al vació y dejar por fin allí mi historia.
Me vuelvo atrás con la cabeza gacha, pues un día mas, no lo he conseguido.
Me siento en una roca a esperar la noche, que salgan las estrellas, mis aliadas, mi única luz en esta noche oscura...en este tiempo sin freno que corre, mas sin vida.
Y él, él es mi único contacto de piel...aunque yo no puedo tocarle, pues siempre es como sombra. Aún así si le siento sentado tras de mi, y noto como juega con mi cabello, me lo alborota, me acaricia la nuca quiere hacerme reír, siempre lo intenta...ÉL es mi único guardián, mi único amor verdadero, el único ser en el que verdaderamente puedo confiar, pues él, él por mi daría la vida...Y cuando sonrío, cuando me recompongo y él sabe que mis heridas han dejado de sangrar, hace que del cielo caiga otra pluma, el recuerdo de sus alas que él por mi, se amputó...
SHA. (Gracias Claudia)
Y yo, ya no visito a menudo a Claudia, porque a veces no se distinguir entre sus sueños y mi vida...