Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi querida amiga, gracias por tu carta, por recordarme que la casa gris se ve desde tu ventana en los días claros...Lo que sigo sin entender es como es que la ves azul...cuando ese color no existe en el cielo de esta tierra que a los indigentes ha vomitado. No hay arco iris para los descastados amiga mía, aunque si la promesa imborrable que él recuerda.
Hace días como sabes que huyo del ruido, de los pasos aun amigables. Sólo he dejado a Aitor hacerme algo de compañía, quizá, porque es lo mas parecido a ti cuando me hablas del exterior, él lo hace como narrando un cuento que imagina, tú , con la realidad presente. También se parece a mi, en su cuerda locura, ya sabes que, a veces tenemos nuestros momentos de coherencia en este mundo que no nos reconoce.
Doyle, mi querido y odiado doctor, me ha encerrado un poco más en mi amado otoño, alegando que la melancolía me puede hacer perder mi poco equilibrio...Pero como siempre, aun con dificultad he logrado atravesar los muros de mi inconsciencia, y me he escapado a una playa gris, oscura y aunque rodeada de muros, he podido mojar mis pies, gritar y escuchar el eco de mi voz, mi voz que hace tanto que no escucho mas que en susurros…
No hay arena bajo mis plantas, estoy descalza y las piedras volcanicas hacen un dulce daño a mis pies…
Sabes amiga, el mar es hoy de color rojo, la lluvia de estrellas ha roto sus arterias, y él , como un tonto enamorado, de amor sangra…Solo, sin compañía se asfixia , en ese pasadizo de amor que le lleva a una muerte prematura, donde degusta a la parca sin vivirla, sin que haya tocado a su puerta. No entiendo, como le gusta al mar, tener ese permanente sabor en sus labios, pues sólo sabe a hiel. Cómo puede desear , cómo puede respirar, cómo puede susurrar y acariciar la orilla mientras se descompone sin morir. Comprendo sus quejas cuando ruge, es el dolor que gime.
Se que tú también le comprendes rodeada como estás por él, y puedes traducir mis mensajes a través de tu piel que como la mía huele a salitre y sabe a musgo.
Por hoy me despido de ti amiga mía.
Yo me quedo un rato más sentada en esta orilla, dejando que él me siga bañando de caricias, mi traje blanco ya le pertenece del todo, pero no siento frío, su abrazo hoy es cálido, quizá, hoy necesita que ponga voz a su lamento...Quizá hoy, él y yo, somos uno…
(Claudia desde el océano que la aísla)
SHA.
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