En bocanadas de locura,
en labios elocuentes, secantes y hastiados
como res ahogando su sed al sol.
En el empero de todo mal
que acecha desde lejos, viril y ebrio.
En el certero y final grito que me espera,
en el fuego desterrado de tus venas
como el clavicordio de nuestro invierno,
huérfano de coros divinos,
fecundo en ocres y malvas.
Oculta su cara en la penumbra,
y muere al cantar.
Pues ya no basta la idea,
ni la macabra inocencia que nos hunde,
La hora entonces se vuelve precisa y da su último llamado,
y nosotros por saltar,
sin saber a dònde.
EZRA
en labios elocuentes, secantes y hastiados
como res ahogando su sed al sol.
En el empero de todo mal
que acecha desde lejos, viril y ebrio.
En el certero y final grito que me espera,
en el fuego desterrado de tus venas
como el clavicordio de nuestro invierno,
huérfano de coros divinos,
fecundo en ocres y malvas.
Oculta su cara en la penumbra,
y muere al cantar.
Pues ya no basta la idea,
ni la macabra inocencia que nos hunde,
La hora entonces se vuelve precisa y da su último llamado,
y nosotros por saltar,
sin saber a dònde.
EZRA
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