pribislav
Poeta recién llegado
Océano constante desgasta el mineral duro
Al fondo del acantilado,
En olas blancas como el esperma,
Que nunca se consumen, erosión perpetua,
Atlántica, de las paredes de firme roca.
Contemplas el frío mar, amigo,
Y dices “saltemos”, mas no a la muerte,
Sino a la vida,
Al frío líquido que se abre paso entre agudos riscos,
En ciegas ondas arrebatadoras,
Y dices “saltemos”, y yo temo a la muerte,
Temes tú no apurar la vida,
Anhelas abismarte, esquivar las mortales rocas
Volar a lomos de las corrientes portentosas,
Hacia la semiluna de arena acogedora
Y dejarte caer, jadeando, triunfante, en la playa,
Proclamando, “salté”, “sobreviví”
Riendo amistosamente del precipicio vencido,
Del pálido océano indiferente,
De la vida que se abre como un girasol soberbio
A la luz cósmica del hombre sin temor.
Mas amigo, te decimos “no saltes”, “es una locura”
Y en tu bondad melancólica vuelves la vista abajo
A la espuma que vuela sobre la piedra desnuda,
Saludas al mar eterno, por ahora,
Y regresas con nosotros, susurrando,
“es posible, realmente”, “puede hacerse”,
Y te prometo vanamente que un día
Los dos nos arrojaremos juntos.
Cohortes de ángeles en el acantilado
Amortiguarán la caída,
Y nadaremos en la espuma primordial
Como leviatanes terribles
Y contraídos de frío,
En la penumbra de un atardecer nublado,
Yaceremos en la playa, riendo, agotados.
Sabes que miento, pero sonríes, y nos vamos.
Al fondo del acantilado,
En olas blancas como el esperma,
Que nunca se consumen, erosión perpetua,
Atlántica, de las paredes de firme roca.
Contemplas el frío mar, amigo,
Y dices “saltemos”, mas no a la muerte,
Sino a la vida,
Al frío líquido que se abre paso entre agudos riscos,
En ciegas ondas arrebatadoras,
Y dices “saltemos”, y yo temo a la muerte,
Temes tú no apurar la vida,
Anhelas abismarte, esquivar las mortales rocas
Volar a lomos de las corrientes portentosas,
Hacia la semiluna de arena acogedora
Y dejarte caer, jadeando, triunfante, en la playa,
Proclamando, “salté”, “sobreviví”
Riendo amistosamente del precipicio vencido,
Del pálido océano indiferente,
De la vida que se abre como un girasol soberbio
A la luz cósmica del hombre sin temor.
Mas amigo, te decimos “no saltes”, “es una locura”
Y en tu bondad melancólica vuelves la vista abajo
A la espuma que vuela sobre la piedra desnuda,
Saludas al mar eterno, por ahora,
Y regresas con nosotros, susurrando,
“es posible, realmente”, “puede hacerse”,
Y te prometo vanamente que un día
Los dos nos arrojaremos juntos.
Cohortes de ángeles en el acantilado
Amortiguarán la caída,
Y nadaremos en la espuma primordial
Como leviatanes terribles
Y contraídos de frío,
En la penumbra de un atardecer nublado,
Yaceremos en la playa, riendo, agotados.
Sabes que miento, pero sonríes, y nos vamos.