Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por sobre los colmillos quiero aullar el pecado,
estremeciendo las andanzas nocturnas,
de este lobo cautivo de presas a quien su diente desea hincar
y aúllo vibraciones deshonestas circulando el bosque íntimo,
cuando aún la tarde no apaga sus luces,
a ver si una fierecilla accede mostrando sus dientes
derramando la saliva por el canino,
hasta alcanzar la fiebre de ese escote naciente y engullirlo a rabiar.
estremeciendo las andanzas nocturnas,
de este lobo cautivo de presas a quien su diente desea hincar
y aúllo vibraciones deshonestas circulando el bosque íntimo,
cuando aún la tarde no apaga sus luces,
a ver si una fierecilla accede mostrando sus dientes
derramando la saliva por el canino,
hasta alcanzar la fiebre de ese escote naciente y engullirlo a rabiar.
El crepúsculo comienza su canto con las incipientes luces,
que entre faroles encienden la llamada nupcial
y comienzo a tragar calles,
buscando en esquinas,
metiéndome en bares,
mordiendo figuras,
esquilando metáforas,
mirando por el rabillo y por debajo del sombrero invitando a merodear.
que entre faroles encienden la llamada nupcial
y comienzo a tragar calles,
buscando en esquinas,
metiéndome en bares,
mordiendo figuras,
esquilando metáforas,
mirando por el rabillo y por debajo del sombrero invitando a merodear.
Encapotado en el traje de vellos,
muestro mi oscuro-cano pelaje,
que brilla con perfumes hormonales
estremeciendo las lobas con mi desliz bestial,
que se mueve con el felino colmillo ancestral,
para empotrarlo de lleno en el limpio cuello de la víctima al pasar.
muestro mi oscuro-cano pelaje,
que brilla con perfumes hormonales
estremeciendo las lobas con mi desliz bestial,
que se mueve con el felino colmillo ancestral,
para empotrarlo de lleno en el limpio cuello de la víctima al pasar.
La sangre acelera su fluir atestando las arterías hinchadas
acechando sigiloso y atento asestar el zarpazo final,
acercando con su pollera corta caminando despreocupada va,
¿un cigarro?..., con mi tono seductor,
mirando directo dentro de los ojos,
ahí donde desnudo cada fibra de seducción,
insisto , ¿un café?..., se de unos negros y con mucho licor,
seductor , inquirió,
sonrisa en labios continuó su divino bambolear,
de un salto al lado de sus pasos mi sombra se apegó,
y con un ademán majestuoso mi gorra por sus piernas se deslizó.
acechando sigiloso y atento asestar el zarpazo final,
acercando con su pollera corta caminando despreocupada va,
¿un cigarro?..., con mi tono seductor,
mirando directo dentro de los ojos,
ahí donde desnudo cada fibra de seducción,
insisto , ¿un café?..., se de unos negros y con mucho licor,
seductor , inquirió,
sonrisa en labios continuó su divino bambolear,
de un salto al lado de sus pasos mi sombra se apegó,
y con un ademán majestuoso mi gorra por sus piernas se deslizó.
Colmillo ardiente brillaba en la oscuridad,
a esa hora ya pasada la morada del anden,
que su campanada daba las diez
y sobre el coche adormecido comenzaba su trepidar,
olía su cabello que expedía un aroma singular,
y en su cuello mi colmillo comenzó su succionar,
bebiendo las gotas una a una,
hasta que el sudor emborrachaban a este lobo hambriento de una mordida más
a esa hora ya pasada la morada del anden,
que su campanada daba las diez
y sobre el coche adormecido comenzaba su trepidar,
olía su cabello que expedía un aroma singular,
y en su cuello mi colmillo comenzó su succionar,
bebiendo las gotas una a una,
hasta que el sudor emborrachaban a este lobo hambriento de una mordida más