Brumas_007
Poeta recién llegado
Las nubes, grises y cerradas
de mil formas distintas,
sobrevuelan nuestro espacio
entretejiendo puntas aceradas.
El viento acaricia nuestros cuerpos.
Tu mirada pregunta por mí,
en esta tarde de julio, mientras
el mar acerca las olas a nuestra playa
jugueteando con la inconsciencia.
Frío mar del norte, que regula
la temperatura de nuestros cuerpos.
Que acaricia los pies de los amantes.
Dulce sensación de placidez deseada, erguida,
que embellece la mutilación pasada.
Mi mano ardía al contacto con la tuya; pequeña mano de ángel.
Era nuestro el caminar de la serenidad compartida,
de la imagen deseada, de la lenta levedad que la brisa,
suave como los pétalos de una rosa, transportaba.
Era la hora de las mil preguntas
desde hace tiempo no contestadas.
La hora de saber, de entender desde
el parco conocimiento de las palabras.
Y en la placidez de esa tarde nuestra,
viajaba el equipaje de recuerdos habidos,
de sensaciones antiguas, como olvidadas
en la trastienda de la consciencia
o en el almacén de la alegoría.
Y nos entregamos a la sencillez del juego,
a la incertidumbre del deseo compartido.
Iniciamos la mutilación del pasado,
de los errores ya vividos, para enfrentarnos de nuevo
a la equivocación incierta de nuestros deseos dormidos.
..
fin
de mil formas distintas,
sobrevuelan nuestro espacio
entretejiendo puntas aceradas.
El viento acaricia nuestros cuerpos.
Tu mirada pregunta por mí,
en esta tarde de julio, mientras
el mar acerca las olas a nuestra playa
jugueteando con la inconsciencia.
Frío mar del norte, que regula
la temperatura de nuestros cuerpos.
Que acaricia los pies de los amantes.
Dulce sensación de placidez deseada, erguida,
que embellece la mutilación pasada.
Mi mano ardía al contacto con la tuya; pequeña mano de ángel.
Era nuestro el caminar de la serenidad compartida,
de la imagen deseada, de la lenta levedad que la brisa,
suave como los pétalos de una rosa, transportaba.
Era la hora de las mil preguntas
desde hace tiempo no contestadas.
La hora de saber, de entender desde
el parco conocimiento de las palabras.
Y en la placidez de esa tarde nuestra,
viajaba el equipaje de recuerdos habidos,
de sensaciones antiguas, como olvidadas
en la trastienda de la consciencia
o en el almacén de la alegoría.
Y nos entregamos a la sencillez del juego,
a la incertidumbre del deseo compartido.
Iniciamos la mutilación del pasado,
de los errores ya vividos, para enfrentarnos de nuevo
a la equivocación incierta de nuestros deseos dormidos.
..
fin