Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los días mudan su piel
en esta tarde de otoño,
los recuerdos se encienden
tras las paredes que rasgan el alma
y un septiembre huérfano de risas.
Vuelves tú, amor,
en este silencio que muerde mis labios,
entonces;
el mundo se cae en pedazos,
y me pierdo en esta lluvia de amapolas grises.
Eras luz, vida y mar
que inundaba mis costados,
eras el verbo encendido,
el tiempo de pronombres inventados
sobre el almíbar desnudo de la rosa silvestre.
Seré la musa que Da Vinci nunca pintó,
la misma que moría por perderse en tus ojos
y tatuar en tu espalda el amor primero y último,
los latidos de cada beso,
la luna cómplice de nuestro sueño rojo.
Me duele la cicatriz
que me dejó tu aliento nocturno;
geografía infinita de nostalgias
que hieren mis huesos
y golpea mi pecho.
en esta tarde de otoño,
los recuerdos se encienden
tras las paredes que rasgan el alma
y un septiembre huérfano de risas.
Vuelves tú, amor,
en este silencio que muerde mis labios,
entonces;
el mundo se cae en pedazos,
y me pierdo en esta lluvia de amapolas grises.
Eras luz, vida y mar
que inundaba mis costados,
eras el verbo encendido,
el tiempo de pronombres inventados
sobre el almíbar desnudo de la rosa silvestre.
Seré la musa que Da Vinci nunca pintó,
la misma que moría por perderse en tus ojos
y tatuar en tu espalda el amor primero y último,
los latidos de cada beso,
la luna cómplice de nuestro sueño rojo.
Me duele la cicatriz
que me dejó tu aliento nocturno;
geografía infinita de nostalgias
que hieren mis huesos
y golpea mi pecho.