Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
COMIENZOS
En la noria de un relámpago dispara su veto la palabra,
Disgrega aquella dulce inquietud sobre
otros eslabones, otras sábanas
que terminaron ya de percudir el agua.
Sobre alcanfores de papel calco mi nombre
para que lo lean los ciegos del alma
y unten después sobre losas de piedra
los cadavéricos ámbares de otra mañana de música.
Echo en molde fresco mi porfía.
Labias de llanto unturan mi carne;
ajenjo de sobra hay entre mis dientes
y heno tibio en mi covacha.
Qué he hecho con este gusano prohibido
habitando escuálido mi corazón de esparto?
Es mi litera la fuerza de mi letra
y mi fuerte la heredad de una mañana venturosa.
Comienzo a ser deliquio de la espina,
esa raíz sombría que se atreve a morar bajo las puertas.
En la noria de un relámpago dispara su veto la palabra,
Disgrega aquella dulce inquietud sobre
otros eslabones, otras sábanas
que terminaron ya de percudir el agua.
Sobre alcanfores de papel calco mi nombre
para que lo lean los ciegos del alma
y unten después sobre losas de piedra
los cadavéricos ámbares de otra mañana de música.
Echo en molde fresco mi porfía.
Labias de llanto unturan mi carne;
ajenjo de sobra hay entre mis dientes
y heno tibio en mi covacha.
Qué he hecho con este gusano prohibido
habitando escuálido mi corazón de esparto?
Es mi litera la fuerza de mi letra
y mi fuerte la heredad de una mañana venturosa.
Comienzo a ser deliquio de la espina,
esa raíz sombría que se atreve a morar bajo las puertas.
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