Divino poema, de título parecido a otro que leí hace tiempo. La esencia de nuevo se repite, el agua de la lluvia nos elude. Los dedos se quedan acortados para poder retenerla. Tal vez no sea con los dedos como se retiene algo tan dúctil, si es que esa palabra puede ser aplicada en este caso. A lo mejor se retendría mejor con algo tan impalpable o tan maleable como ella misma lo es. Sin cuencos ni cazos ni garras.
El poema es incuestionable. Nuevamente, de los mejores tuyos. No me quedo con nada en concreto, porque todo él raya las alturas. Se muestra sincero, patrio de los territorios líricos de su autora, donde ella clava su pica por conocimiento de la materia y deja erguida bandera bien visible en la distancia. Y es que esto es lo tuyo, la temática pasional a veces dolorida, otras capaz de expugnar las fronteras y hacer conquista donde los corazones tibios y duros no mostraron más que la jactanciosa indiferencia, incluso monotonía. Allí vencen tus versos siempre. Contestarios, arrogantes, poderosos blanden el sentimiento cual arma arrojadiza, cual honda que da con la piedra de tu voz en la roca del corazón lejano y regresa, cual boomerang a la mano todavía temblorosa.
Es un placer leerte, como siempre. Te dejo abrazos y que tu lunes sea hermoso.