¿Cómo decir que somos más mundanos
qué nos gusta la música, las películas, los viajes,
los cigarrillos aunque no fumemos, los que se terminan alrededor de las siete,
cómo decir que nos gusta pararnos en medio de la lluvia
y gritar de alegría o llorar de flato, cómo decirlo?
¿Cómo decir que hemos tocado la puerta del cielo
al conocernos, al tocarnos, al compartir la piel y los gustos y la vida,
al mirarnos el uno al otro y saber que dentro de nuestra alma
hay algo mío y algo tuyo que habita ahí sin pedir permiso
y esperándonos?
¿Cómo decir que hemos navegado por los mares de la memoria
visitado ciudades que no conocemos y visto estrellas que no existen,
cómo hacer caso de la realidad de vez en cuando, darse golpes de pecho
por lo que dejamos ir, y desaprovechar esta triste oportunidad de conocer
y aprender de este pequeño tiempo de nuestra existencia?
¿Cómo decir que nos esperamos los dos al mismo tiempo
en una esquina, en una banca de cualquier parque, en una tienda,
o bajo una lámpara del alumbrado público, en algún restaurante
bajo los puertos, en el agua o el alimento, en las distancias
o en las ausencias, en los bosques, en el momento venidero
que es una vida entera, en tus ojos y mis ojos?.
De seguro habría una forma de decirlo,
quizá sea que aún no la encontramos.