Leonardo Velazcoaran
Poeta asiduo al portal
Como el aire que respiro
y me envenena de ausencia
y me maldice de nombrarte,
cada vez que te evoco como una aparición.
Como un suspiro interminable
o acaso un nudo
que retiene mi garganta en puntos suspensivos
me dueles.
Mas allá del verso que aún no escribo
donde habitamos sin preguntar los porqués,
ni el cuando ni el cómo,
debajo de la piel.
A borbotones y gotas
cuando todavía no sé si habitaré (por fin) en tus pupilas,
en tu rostro adivinado cada noche
donde conjugo los verbos en infinitivo.
Como una costumbre sado masoquista,
en donde me gusta sangrar hasta encontrar
alguna sílaba que consuele mi oído
me dueles.
Como duelen las doce de la noche,
y las tres de la mañana cuando te recuerdo
y las cinco de la mañana cuando te nombro
las siete al alba en donde busco
el sonido de tus verbos,
la forma de tus costados,
la palma de tu mano.
Una esperanza me basta para traspasar la muerte,
vuelo de razones es mi pecho,
donde suspira el mundo y se detiene,
cada vez que te recuerdo.
y me envenena de ausencia
y me maldice de nombrarte,
cada vez que te evoco como una aparición.
Como un suspiro interminable
o acaso un nudo
que retiene mi garganta en puntos suspensivos
me dueles.
Mas allá del verso que aún no escribo
donde habitamos sin preguntar los porqués,
ni el cuando ni el cómo,
debajo de la piel.
A borbotones y gotas
cuando todavía no sé si habitaré (por fin) en tus pupilas,
en tu rostro adivinado cada noche
donde conjugo los verbos en infinitivo.
Como una costumbre sado masoquista,
en donde me gusta sangrar hasta encontrar
alguna sílaba que consuele mi oído
me dueles.
Como duelen las doce de la noche,
y las tres de la mañana cuando te recuerdo
y las cinco de la mañana cuando te nombro
las siete al alba en donde busco
el sonido de tus verbos,
la forma de tus costados,
la palma de tu mano.
Una esperanza me basta para traspasar la muerte,
vuelo de razones es mi pecho,
donde suspira el mundo y se detiene,
cada vez que te recuerdo.