Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El porvenir ha de ser un viaje en taxi
por el que pagan justos y pecadores,
un paisaje sin sombras, un amor, un casi,
la compasión una aplicación móvil
que aplica en tus venas con mis deseos redentores.
Mi princesa erótica, mi reina madrugada,
el eslabón donde recuesto la almohada,
mi Julieta que no deja de ser dama
cuando hace el amor conmigo en la cama
temblando de frío a los pies de la pasión.
Vestida de rojo, como el pan del antojo
de los muertos de hambre que le ven suspirar…
La forma más fácil de no sufrir amor
es no enamorarse de nadie
pasar página al pie del tocador
y no dar el corazón ante flores o detalles.
Mi princesa que siempre vestía de blanco
sabiendo que el negro es mi color favorito,
se ponía en posición de oración al amarnos
y reía siempre que dije el gusto es mío.
Vestida de rojo, como el color del antojo
de credos libidinosos que nos miran desear.
Ayer mismo le comentaba que el escote era poco,
que la ley de los dioses es siempre pensar
que el decreto de la lujuria es mandado honroso,
bienvenido el pecado que me pone a imaginar.
Vestida de negro, como el color del deseo
de la santa piedad…
por el que pagan justos y pecadores,
un paisaje sin sombras, un amor, un casi,
la compasión una aplicación móvil
que aplica en tus venas con mis deseos redentores.
Mi princesa erótica, mi reina madrugada,
el eslabón donde recuesto la almohada,
mi Julieta que no deja de ser dama
cuando hace el amor conmigo en la cama
temblando de frío a los pies de la pasión.
Vestida de rojo, como el pan del antojo
de los muertos de hambre que le ven suspirar…
La forma más fácil de no sufrir amor
es no enamorarse de nadie
pasar página al pie del tocador
y no dar el corazón ante flores o detalles.
Mi princesa que siempre vestía de blanco
sabiendo que el negro es mi color favorito,
se ponía en posición de oración al amarnos
y reía siempre que dije el gusto es mío.
Vestida de rojo, como el color del antojo
de credos libidinosos que nos miran desear.
Ayer mismo le comentaba que el escote era poco,
que la ley de los dioses es siempre pensar
que el decreto de la lujuria es mandado honroso,
bienvenido el pecado que me pone a imaginar.
Vestida de negro, como el color del deseo
de la santa piedad…
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