Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Sigo pensando que el río caudaloso se llevara mi pena,
que sus aguas frías y oscuras cada tarde ahogara mi angustia,
que su torrente, cuando bravo viene, ha de lavar mi sucia arena,
de tantas vanidades, de tantos caprichos, de tanta hoja mustia.
Sigo pensando que me iré a vivir, a su costado, entre las piedras,
bajo de cielos claros, por que el mío, va tiznado en su tormenta,
que es mas benévolo que la soledad, el veneno de las hiedras,
que los ríos son mas mansos que el miedo, si la vida te atormenta.
Sigo pensando que necesito del río el junco y sus orillas,
donde pasear mis dudas cuando cavilan solas mi cabeza,
descubrir que todas las cosas son por mucho lejos mas sencillas,
que solo he querido contemplar avece, mi ombligo en mi pereza.
Sigo pensando mudarme hacia el río cuando nadie se de cuenta,
llevar conmigo la desnudes que llevo bajo de estas mis ropas,
sentir el sol, un dios en la piel, para olvidarme toda tu afrenta.
Y beber del agua con estas manos rompiendo a solas las copas,
llegarme a vivir con el río para que el corazón ya no sienta,
vivir solo con el río y dejar allí dormida la osamenta.
intento de corrección
Sigo pensando que el río caudaloso, se llevara mi pena,
sus aguas frías y oscuras cada tarde, ahogara mi angustia,
que su torrente cuando bravo se viene, raerá de mi arena,
tantas vanidades, tantos ayes y caprichos, tanta hoja mustia.
Sigo pensando vivir a su costado, entre su áspera piedra,
bajo de cielos claros, por que el mío va tiznado, en su tormenta,
que es mas benévolo que la soledad, el veneno de la hiedra,
que los ríos son mas mansos sin el miedo, de una vida lenta.
Sigo pensando que necesito el río, el junco y sus orillas,
donde pasear mis dudas cuando cavila, sola mi cabeza,
descubrir que son todas las cosas mías, por mucho mas sencillas,
que solo he querido contemplar avece, mi ombligo en mi pereza.
Sigo pensando mudarme frente al río, y a nadie darle cuenta,
llevar conmigo la desnudez que llevo, bajo de estas mis ropas,
sentir el sol, un dios en la curtida piel, olvidarme tu afrenta.
Y beber del agua con las manos rompiendo a solas las copas,
llegarme a vivir con el río para que el corazón ya no sienta,
vivir solo con el río y dejar allí dormida la osamenta.
que sus aguas frías y oscuras cada tarde ahogara mi angustia,
que su torrente, cuando bravo viene, ha de lavar mi sucia arena,
de tantas vanidades, de tantos caprichos, de tanta hoja mustia.
Sigo pensando que me iré a vivir, a su costado, entre las piedras,
bajo de cielos claros, por que el mío, va tiznado en su tormenta,
que es mas benévolo que la soledad, el veneno de las hiedras,
que los ríos son mas mansos que el miedo, si la vida te atormenta.
Sigo pensando que necesito del río el junco y sus orillas,
donde pasear mis dudas cuando cavilan solas mi cabeza,
descubrir que todas las cosas son por mucho lejos mas sencillas,
que solo he querido contemplar avece, mi ombligo en mi pereza.
Sigo pensando mudarme hacia el río cuando nadie se de cuenta,
llevar conmigo la desnudes que llevo bajo de estas mis ropas,
sentir el sol, un dios en la piel, para olvidarme toda tu afrenta.
Y beber del agua con estas manos rompiendo a solas las copas,
llegarme a vivir con el río para que el corazón ya no sienta,
vivir solo con el río y dejar allí dormida la osamenta.
intento de corrección
Sigo pensando que el río caudaloso, se llevara mi pena,
sus aguas frías y oscuras cada tarde, ahogara mi angustia,
que su torrente cuando bravo se viene, raerá de mi arena,
tantas vanidades, tantos ayes y caprichos, tanta hoja mustia.
Sigo pensando vivir a su costado, entre su áspera piedra,
bajo de cielos claros, por que el mío va tiznado, en su tormenta,
que es mas benévolo que la soledad, el veneno de la hiedra,
que los ríos son mas mansos sin el miedo, de una vida lenta.
Sigo pensando que necesito el río, el junco y sus orillas,
donde pasear mis dudas cuando cavila, sola mi cabeza,
descubrir que son todas las cosas mías, por mucho mas sencillas,
que solo he querido contemplar avece, mi ombligo en mi pereza.
Sigo pensando mudarme frente al río, y a nadie darle cuenta,
llevar conmigo la desnudez que llevo, bajo de estas mis ropas,
sentir el sol, un dios en la curtida piel, olvidarme tu afrenta.
Y beber del agua con las manos rompiendo a solas las copas,
llegarme a vivir con el río para que el corazón ya no sienta,
vivir solo con el río y dejar allí dormida la osamenta.
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