Sira
Poeta fiel al portal
Como hombre y/o mujer
Silencio. No quiero oír ni una palabra.
Lo que quiero es que te calles
de una maldita vez.
Cállate ya, y tan sólo bésame.
No me interesan tus reproches,
ni me importan tus dudas
ni me desvelan tus temores.
Ya sé que, incansable, barruntas
los pros y los contras
entre otros mil y un factores
que escapan de tu control.
¿Tanto te angustia abrazarme?
¿Tanto te intimida mi género
o mi condición?
Veo reflejado el deseo en tus ojos,
los mismos que me recorren
en este preciso instante
hambrientos y recelosos.
Siento que tus manos vacilantes
e inseguras arden por tocarme,
por surcar mis inexplorados lindes
y, ávidamente, estrecharme.
Más allá de tus arraigados tabúes.
Más allá de los convencionalismos artificiales
que ahora, inútilmente, conjuras inalterables.
A modo de ferviente oración.
¿Es que todavía no lo entiendes?
Ya sea como mujer o como hombre,
yo también te deseo con idéntica,
acuciante desesperación.
¿Acaso es que no los oyes?
Son los desbocados latidos
de mi necio, lacerado corazón.
Tan sólo cierra los ojos,
refúgiate entre mis brazos
y olvida tu pesado bagaje...
Y es que, al fin y al cabo,
recuerda que el amor es tan sólo eso:
Amor.
Silencio. No quiero oír ni una palabra.
Lo que quiero es que te calles
de una maldita vez.
Cállate ya, y tan sólo bésame.
No me interesan tus reproches,
ni me importan tus dudas
ni me desvelan tus temores.
Ya sé que, incansable, barruntas
los pros y los contras
entre otros mil y un factores
que escapan de tu control.
¿Tanto te angustia abrazarme?
¿Tanto te intimida mi género
o mi condición?
Veo reflejado el deseo en tus ojos,
los mismos que me recorren
en este preciso instante
hambrientos y recelosos.
Siento que tus manos vacilantes
e inseguras arden por tocarme,
por surcar mis inexplorados lindes
y, ávidamente, estrecharme.
Más allá de tus arraigados tabúes.
Más allá de los convencionalismos artificiales
que ahora, inútilmente, conjuras inalterables.
A modo de ferviente oración.
¿Es que todavía no lo entiendes?
Ya sea como mujer o como hombre,
yo también te deseo con idéntica,
acuciante desesperación.
¿Acaso es que no los oyes?
Son los desbocados latidos
de mi necio, lacerado corazón.
Tan sólo cierra los ojos,
refúgiate entre mis brazos
y olvida tu pesado bagaje...
Y es que, al fin y al cabo,
recuerda que el amor es tan sólo eso:
Amor.
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