rebecca zuñiga
Poeta recién llegado
Viviría cien años más por solo sentirte tomarme la mano y ver tu reflejo en mi espalda,
pero me fuiste vacío y
no supiste besarme.
Te dio pánico la prisión de mi alma y
las manos se te congelaron cuando creíste que me iba a dormir en tu cama.
Necesité revivir las historias de jinetes y espadas,
ver más allá de lo que querías ver.
Nunca supuse lo triste que sería verte partir sin dejarme más que un valle de lágrimas.
Ese fue tu regalo,
esa fue tu fantasía.
Me libre de la prisión de mi mente con las cartas que te escribí que nunca recibiste,
con las falacias que recogiste cuando todos dormían,
cuando todos pensaban que yo reía cuando en realidad se me cuadriculaba el alma y
las migajas de mi ser se descuartizaban en tus pupilas.
Mis silencios se murieron y entendí que me era más fácil aprenderte a ver detrás de mis miradas que odiarte.
La prisión de mi mente me detuvo al tratar de odiarte,
y empecé a esperar.
Aunque arda,
aunque duela...
Sé que te quiero,
sé que te extraño y
que de alguna manera también me extrañas
pero me fuiste vacío y
no supiste besarme.
Te dio pánico la prisión de mi alma y
las manos se te congelaron cuando creíste que me iba a dormir en tu cama.
Necesité revivir las historias de jinetes y espadas,
ver más allá de lo que querías ver.
Nunca supuse lo triste que sería verte partir sin dejarme más que un valle de lágrimas.
Ese fue tu regalo,
esa fue tu fantasía.
Me libre de la prisión de mi mente con las cartas que te escribí que nunca recibiste,
con las falacias que recogiste cuando todos dormían,
cuando todos pensaban que yo reía cuando en realidad se me cuadriculaba el alma y
las migajas de mi ser se descuartizaban en tus pupilas.
Mis silencios se murieron y entendí que me era más fácil aprenderte a ver detrás de mis miradas que odiarte.
La prisión de mi mente me detuvo al tratar de odiarte,
y empecé a esperar.
Aunque arda,
aunque duela...
Sé que te quiero,
sé que te extraño y
que de alguna manera también me extrañas