coral
Una dama muy querida en esta casa.
¿Cómo no he de llorar?
¡Llora triste guitarra!
acompaña mi alma,
hoy estoy solitaria
y no encuentro la calma.
Tus sonidos acordes,
son cual salobres lágrimas
que ruedan por mis mejillas
en estas oscuras noches
suplicando sus amores.
Hoy me encuentro solitaria,
sangrando está mi pecho
y mi alma.
¿Cómo no he de llorar?
si se nubla mi cielo,
perdiendo en su oscuridad
tantos anhelos,
sin una luz que alumbre
a mis cuatro luceros.
Yo que tanto soñaba,
navegar entre aguas claras
y sólo hay turbulencias
de borrascas amargas,
entre oscuras penumbras
con fugaces esperanzas.
¡Quieren confundirme,
me atrapan, me dañan!
hundiéndome en el fondo
de mis tristes nostalgias.
Es almíbar mi pecho,
es terruño mi carne,
he sembrado mi siembra
¡Nadie quiere escucharme!
¡en esta extravagante calma!
Son necias sus pupilas,
esquivando la vida misma
y sus manos son puñales
clavándome mil espinas,
no se dan cuenta de ello
pero me han hurtado la vida,
con su extraño sentimiento
que no he acertado a entenderlo.
Y, ¿si ya he de morir ahora?
muriendo me voy llorando,
no encuentro verdes sus campos
y mi pile se está ya secando.
Le pido luz a la aurora,
a un ángel de la mañana,
a esa estrella viajera
o al Señor que escucha mi queja,
que ponga fin a sus a sus dudas,
y se den cuenta que les entregue de la vida.
¡Ay! mis tristes pupilas,
que han nadado entre llantos,
¡bebiéndome sus amarguras!
queriéndolas endulzar,
¡lamiendo sus heridas!
Prudencia arenas
Coral.
¡Llora triste guitarra!
acompaña mi alma,
hoy estoy solitaria
y no encuentro la calma.
Tus sonidos acordes,
son cual salobres lágrimas
que ruedan por mis mejillas
en estas oscuras noches
suplicando sus amores.
Hoy me encuentro solitaria,
sangrando está mi pecho
y mi alma.
¿Cómo no he de llorar?
si se nubla mi cielo,
perdiendo en su oscuridad
tantos anhelos,
sin una luz que alumbre
a mis cuatro luceros.
Yo que tanto soñaba,
navegar entre aguas claras
y sólo hay turbulencias
de borrascas amargas,
entre oscuras penumbras
con fugaces esperanzas.
¡Quieren confundirme,
me atrapan, me dañan!
hundiéndome en el fondo
de mis tristes nostalgias.
Es almíbar mi pecho,
es terruño mi carne,
he sembrado mi siembra
¡Nadie quiere escucharme!
¡en esta extravagante calma!
Son necias sus pupilas,
esquivando la vida misma
y sus manos son puñales
clavándome mil espinas,
no se dan cuenta de ello
pero me han hurtado la vida,
con su extraño sentimiento
que no he acertado a entenderlo.
Y, ¿si ya he de morir ahora?
muriendo me voy llorando,
no encuentro verdes sus campos
y mi pile se está ya secando.
Le pido luz a la aurora,
a un ángel de la mañana,
a esa estrella viajera
o al Señor que escucha mi queja,
que ponga fin a sus a sus dudas,
y se den cuenta que les entregue de la vida.
¡Ay! mis tristes pupilas,
que han nadado entre llantos,
¡bebiéndome sus amarguras!
queriéndolas endulzar,
¡lamiendo sus heridas!
Prudencia arenas
Coral.
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