Cómo no recordar
la precipitación del diluvio
y el reposo inmenso
en las cuencas de un cuerpo.
Cómo olvidar el espacio
donde nada podía borrar la estrella,
cuando era un milagro habernos encontrado
y la lejanía parecía tan cerca.
¿Cómo olvidar la ruta
en la grieta de los labios
o en la madrugada
cuando nos quedábamos alimentándonos
de la noche nutricia,
cuando la piel se derramaba en el azul
derritiéndose en la carne habitada?
...
Última edición: