GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
La habitación
se rendía
a la penumbra,
mientras
una vela
temblaba
como el tiempo.
Dos cuerpos
dibujados
con una exactitud inquietante,
desafiaban leyes
que nadie había escrito.
Sus labios
no decían nada,
confirmaban
que eran dioses
y demonios
por un instante.
Cuando la luz murió con la vela,
quedaron el tacto
y la memoria
junto a las marcas
en el cuerpo
y en la mente.
Después,
cada uno
volvió
a su vida,
a lo suyo,
a sus horarios,
a sus nombres,
a su casa,
como si nada.
Pero no olvidó.
No del todo.
Nunca.
G.G.G.
ENE/2026