Enrique Romero
Poeta recién llegado
Como una constelación
estrellada en el seno de la mar.
El grajo del destello,
gotea la sangre púrpura de su pico.
La nieve en la colina esbelta
coronándose con el lirio del sol.
Me hallé en la savia del horizonte,
en el sauce que alberga las raíces eternas.
Mi corazón, oh, fue un retoño jacinto
que besaba desconsoladamente el céfiro.
La llama ciega, tu, estrella escarlata,
rescata de mi oscuridad los nidos.
Alados son los recuerdos, venenosa la espiga,
mortuorios los deseos, la estrella de olivo.
Rezumo en mi rincón celeste,
melodías que aprendí de la ginesta.
Una triste, siempre triste, espera;
un aguacero inconcebible en la soledad serena.
estrellada en el seno de la mar.
El grajo del destello,
gotea la sangre púrpura de su pico.
La nieve en la colina esbelta
coronándose con el lirio del sol.
Me hallé en la savia del horizonte,
en el sauce que alberga las raíces eternas.
Mi corazón, oh, fue un retoño jacinto
que besaba desconsoladamente el céfiro.
La llama ciega, tu, estrella escarlata,
rescata de mi oscuridad los nidos.
Alados son los recuerdos, venenosa la espiga,
mortuorios los deseos, la estrella de olivo.
Rezumo en mi rincón celeste,
melodías que aprendí de la ginesta.
Una triste, siempre triste, espera;
un aguacero inconcebible en la soledad serena.
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