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Como una vieja canción de amor

Pessoa

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La carne se desliza como una vieja ramera

por la sementera recién amanecida

dejando rastros de su reciente entrega

y ocultándose veloz en el centro de la esfera.



Atroz desembarco de pasiones de aluvión

defenestradas carátulas de flores que nunca fueron

atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos

en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.



Cuando el tiempo era la nada

cuando éramos canción para una guitarra rota

cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía

desde el aguamanil desvencijado de una noche loca



Teníamos entonces todo el destino para ser robado

entre las estrellas sólo había noche pudibunda

y era tu piel como opio o restos de una ordalía

buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.



La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos

la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta

o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar

o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.



El gran misterio del amor que es hielo y fuego

al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas

desde las ruinas de una catedral incendiada

en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.



Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno

perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad

hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado

o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.



Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras

forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo

promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo

volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.


chagall-11-fill-481x321.jpg

Ilust.: Marc Chagall​
 
Escribir como escribe, siempre es una ecuación difícil de alcanzar para mi, sobre todo por la originalidad de las imágenes, y porque las connotaciones suyas siempre tienen muchas aristas, lo que hace que rebusque y escarbe en mi humilde cerebro para poder entenderlo... Siempre he sido honesto con lo que leo. Y su trabajo mi querido Miguel, trasciende... Para muestra vale un solo ejemplo:

"El gran misterio del amor que es hielo y fuego

al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas"

Qué mayor y contundente definición, sobre el amor, el contraste del mismo, y la impotencia
y debilidad ante los hechos... de los que verdaderamente amamos.
Hermoso poema compañero. Afectuosamente, lo saluda:
 
Última edición:
Hola, Iván, querido amigo: Qué hermoso comentario me dejas. Es de los que "recargan las baterias" y ponen los sentimientos en alma viva, siquiera para poder corresponder a tanta generosidad. El amor, ese concepto tan nítido y a la vez tan difuso, tiene que seguir siendo el motor de nuestra vida mientras el corazón lata. Y, como tú bien dices, la llama de la Poesía, que nunca debe apagarse en nosotros, indica cómo nos sigue habitando. Un abrazo, amigo mío. Ojalá pueda seguir dándote motivo de satisfacción con mis versos.
miguel
 
La carne se desliza como una vieja ramera

por la sementera recién amanecida

dejando rastros de su reciente entrega

y ocultándose veloz en el centro de la esfera.



Atroz desembarco de pasiones de aluvión

defenestradas carátulas de flores que nunca fueron

atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos

en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.



Cuando el tiempo era la nada

cuando éramos canción para una guitarra rota

cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía

desde el aguamanil desvencijado de una noche loca



Teníamos entonces todo el destino para ser robado

entre las estrellas sólo había noche pudibunda

y era tu piel como opio o restos de una ordalía

buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.



La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos

la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta

o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar

o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.



El gran misterio del amor que es hielo y fuego

al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas

desde las ruinas de una catedral incendiada

en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.



Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno

perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad

hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado

o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.



Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras

forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo

promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo

volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.


chagall-11-fill-481x321.jpg

Ilust.: Marc Chagall​

esplendidos siempre tus trabajos, querido amigo Miguel, siempre un placer sumergirse en la lectura, y cultivarse de tus metáforas y definiciones, siempre una enriquecedora experiencia tu obra, enhorabuena. Un abrazo, que vaya todo muy bien.
 
Atroz desembarco de pasiones de aluvión

defenestradas carátulas de flores que nunca fueron

atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos

en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.

Una ves se aprende a leer lo que escribe, se descubre una infinidad de detalles, de un gusto que me gusta, del que aprendo y disfruto. Como con la música.
Saludos
 
La carne se desliza como una vieja ramera

por la sementera recién amanecida

dejando rastros de su reciente entrega

y ocultándose veloz en el centro de la esfera.



Atroz desembarco de pasiones de aluvión

defenestradas carátulas de flores que nunca fueron

atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos

en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.



Cuando el tiempo era la nada

cuando éramos canción para una guitarra rota

cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía

desde el aguamanil desvencijado de una noche loca



Teníamos entonces todo el destino para ser robado

entre las estrellas sólo había noche pudibunda

y era tu piel como opio o restos de una ordalía

buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.



La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos

la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta

o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar

o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.



El gran misterio del amor que es hielo y fuego

al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas

desde las ruinas de una catedral incendiada

en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.



Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno

perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad

hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado

o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.



Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras

forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo

promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo

volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.


chagall-11-fill-481x321.jpg

Ilust.: Marc Chagall​
La carne se desliza como una vieja ramera

por la sementera recién amanecida

dejando rastros de su reciente entrega

y ocultándose veloz en el centro de la esfera.



Atroz desembarco de pasiones de aluvión

defenestradas carátulas de flores que nunca fueron

atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos

en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.



Cuando el tiempo era la nada

cuando éramos canción para una guitarra rota

cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía

desde el aguamanil desvencijado de una noche loca



Teníamos entonces todo el destino para ser robado

entre las estrellas sólo había noche pudibunda

y era tu piel como opio o restos de una ordalía

buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.



La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos

la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta

o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar

o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.



El gran misterio del amor que es hielo y fuego

al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas

desde las ruinas de una catedral incendiada

en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.



Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno

perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad

hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado

o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.



Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras

forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo

promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo

volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.


chagall-11-fill-481x321.jpg

Ilust.: Marc Chagall​
Forjar una necesidad de amor. detenersey a la vez fraguar su intensidad
valorando a la vez las amarguras, es como soñar con un motorizacion y
comprobar asi como final que la poesia ofrece siempre una luz de ensueño.
y querer a la vez siempre envolverse en ella.
exccelente.saludos amables de luzyabsenta
 

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