La carne se desliza como una vieja ramera
por la sementera recién amanecida
dejando rastros de su reciente entrega
y ocultándose veloz en el centro de la esfera.
Atroz desembarco de pasiones de aluvión
defenestradas carátulas de flores que nunca fueron
atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos
en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.
Cuando el tiempo era la nada
cuando éramos canción para una guitarra rota
cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía
desde el aguamanil desvencijado de una noche loca
Teníamos entonces todo el destino para ser robado
entre las estrellas sólo había noche pudibunda
y era tu piel como opio o restos de una ordalía
buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.
La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos
la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta
o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar
o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.
El gran misterio del amor que es hielo y fuego
al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas
desde las ruinas de una catedral incendiada
en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.
Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno
perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad
hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado
o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.
Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras
forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo
promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo
volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.
por la sementera recién amanecida
dejando rastros de su reciente entrega
y ocultándose veloz en el centro de la esfera.
Atroz desembarco de pasiones de aluvión
defenestradas carátulas de flores que nunca fueron
atraen las máculas poliformes que dejaron los besos perdidos
en aquellas carnes lascivas por olvidados desiertos.
Cuando el tiempo era la nada
cuando éramos canción para una guitarra rota
cuando éramos apenas los aromas de un universo que nacía
desde el aguamanil desvencijado de una noche loca
Teníamos entonces todo el destino para ser robado
entre las estrellas sólo había noche pudibunda
y era tu piel como opio o restos de una ordalía
buscando yo en tus ojos los restos de mi último suicidio.
La noche limpia ya de la magnificencia de los poliedros floridos
la noche que éramos tú y yo disueltos en la luna amarillenta
o en palabras como sábanas que pretendiesen ser mar
o equinoccios fragmentados por cometas insidiosos.
El gran misterio del amor que es hielo y fuego
al que torpes nos asomamos con nuestras manos tendidas
desde las ruinas de una catedral incendiada
en cuyas paredes quedó escrita una ecuación y su ira.
Tan lejos de aquella mar primigenia somos aves sin retorno
perdidos como barcos en la noche o la inmensa claridad de una verdad
hemos de buscar en la dirección del viento el mensaje embotellado
o seguir por nuestros cuerpos arriba hasta encontrar sus secretos.
Detener apenas la carne que se desliza entre estériles sementeras
forjar ese lugar que se esconde en la fragua al rojo vivo
promesa de verbo o fruta o ala de halcón fugitivo
volver a ser los pianos donde se interpretan viejas canciones de amor.
Ilust.: Marc Chagall