Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando trepe y se enrosque en nuestras vidas,
como hiedra maldita el desaliento,
cuando llegue ese pérfido momento,
hallará nuestras almas siempre unidas.
Cuando estén las entrañas doloridas
y marchiten los sueños con el viento,
bastará nuestro bello sentimiento,
para ver nuestras penas reducidas.
Si un eclipse anochece la ventura,
empañando el fulgor de la mañana,
jugaremos la carta de locura,
compañera, sosiego y resolana,
con las manos fundidas en ternura,
pintaremos un sol en la ventana.
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