Meigo
Poeta Reconocido
Meigo
Anónimo
Deja que mis trazos convivan
con la herida que curan tus palabras
dejando siempre una cicatriz
contundente y fugaz
como el rayo que acaricia
el manto de la tierra.
¿No quieres compartir
conmigo la poesía?
Mediocres las letras mías
las tiñes de púrpura y entraña,
me alientas para la pluma,
¡mas, mi tinta no es la palabra!
¿Cómo referirme al rayo
que guarda tu pupila
(translúcida tu mirada,
insignificante mi aliento)
sin mencionar
al trueno que pones
en boca de tus lectores
y qué hace que se sorprendan
de las hermosas palabras
que ellos mismos han sugerido
a su aire cargado de poesía?
¿De verdad no quieres compartir
conmigo la poesía?
Tu mirar es padre de tal tempestad,
maestro del vibrar
que soy estéril en estos campos,
que ambigua es la hermosura,
mas no así la ternura
de tus renglones,
renglones torcidos…
Habla el corazón del amigo.
Sin quererlo tus bellas palabras
han ganado la batalla
al corazón vergonzoso
que se esconde en tu pecho,
creador de sentimientos
tan hirsutos
que te mantienen al borde del infarto
vivita, coleando
y compartiendo
el idioma de los latidos.
¿No te quedó más remedio que compartir
conmigo la poesía?
Me declaraste la guerra de los labios partidos
a mí, subordinada del silencio
La Anónima sin letras, la Sin Recurso Escrito.
Imposible mi victoria
me deleito con la tuya,
tan llana,
que aunque engrase sangre y venas
es dispar el preciado filo
de los versos compartidos
con el más fiel servidor de versos.
Querido, nunca fui una digna compañera de papel.
Solo me queda decirte que la charla fue un placer.
La idea del dueto surge de la negación a escribirlo de una amiga, que al final, a base de insistir mucho, nos regaló sus estrofas. Solo me queda decir que ella es muy importante en mi vida y en mis sentimientos.
Anónimo
Deja que mis trazos convivan
con la herida que curan tus palabras
dejando siempre una cicatriz
contundente y fugaz
como el rayo que acaricia
el manto de la tierra.
¿No quieres compartir
conmigo la poesía?
Mediocres las letras mías
las tiñes de púrpura y entraña,
me alientas para la pluma,
¡mas, mi tinta no es la palabra!
¿Cómo referirme al rayo
que guarda tu pupila
(translúcida tu mirada,
insignificante mi aliento)
sin mencionar
al trueno que pones
en boca de tus lectores
y qué hace que se sorprendan
de las hermosas palabras
que ellos mismos han sugerido
a su aire cargado de poesía?
¿De verdad no quieres compartir
conmigo la poesía?
Tu mirar es padre de tal tempestad,
maestro del vibrar
que soy estéril en estos campos,
que ambigua es la hermosura,
mas no así la ternura
de tus renglones,
renglones torcidos…
Habla el corazón del amigo.
Sin quererlo tus bellas palabras
han ganado la batalla
al corazón vergonzoso
que se esconde en tu pecho,
creador de sentimientos
tan hirsutos
que te mantienen al borde del infarto
vivita, coleando
y compartiendo
el idioma de los latidos.
¿No te quedó más remedio que compartir
conmigo la poesía?
Me declaraste la guerra de los labios partidos
a mí, subordinada del silencio
La Anónima sin letras, la Sin Recurso Escrito.
Imposible mi victoria
me deleito con la tuya,
tan llana,
que aunque engrase sangre y venas
es dispar el preciado filo
de los versos compartidos
con el más fiel servidor de versos.
Querido, nunca fui una digna compañera de papel.
Solo me queda decirte que la charla fue un placer.
La idea del dueto surge de la negación a escribirlo de una amiga, que al final, a base de insistir mucho, nos regaló sus estrofas. Solo me queda decir que ella es muy importante en mi vida y en mis sentimientos.