cesarfco.cd
Poeta que no puede vivir sin el portal
Estoy en una cantina sin nada tomar
llegué hasta aquí por solo caminar.
Se me pasaron las horas y el sol hizo su trabajo:
muero de sed ahora. La barra y el sudor comparto.
¡Esta manía de querer todo observar!
Me ha metido en problemas ya tiempo atrás.
Más no puedo evitar, ver consecuencias de escenarios:
Todo se puede destapar, con mirar pies, cara y manos.
No falta el cuadro en que te palmean y te piden un trago.
Entre cortesías y movimientos raudos, empieza el intercambio.
Compartimos una botella, yo pagando y bebiéndola ella.
Hay tanta riqueza en estas personas...
tanto poder y tantos recuerdos.
Todo lapidado y entre lanzadas rocas
muerden el polvo y pierden lo cuerdo.
El negocio del cantinero, la muerte del alcohólico.
Ahí importa el dinero, y no las personas.
Por mucho que grite, no hay razón ni razonan...
Todo es nada, ante la llegada del elixir diabólico.
Salgo por donde llegué, el respirar hondo no mitiga mi tristeza
¡Hay tanto por perder!... ¡estas personas ya no tienen cabeza!.
Algo se ha de hacer... no podemos vivir en semanas de cerveza,
en la que su única preocupación, es llegar al viernes con centavos
para poder trocar su vergüenza por algún que otro trago.
Compartimos una botella.
Ellos con el vino y la inocencia,
yo con el llanto y la impotencia
y papá Gobierno alimentando las quimeras:
Beban, Beban. Que para eso son las fiestas
llegué hasta aquí por solo caminar.
Se me pasaron las horas y el sol hizo su trabajo:
muero de sed ahora. La barra y el sudor comparto.
¡Esta manía de querer todo observar!
Me ha metido en problemas ya tiempo atrás.
Más no puedo evitar, ver consecuencias de escenarios:
Todo se puede destapar, con mirar pies, cara y manos.
No falta el cuadro en que te palmean y te piden un trago.
Entre cortesías y movimientos raudos, empieza el intercambio.
Compartimos una botella, yo pagando y bebiéndola ella.
Hay tanta riqueza en estas personas...
tanto poder y tantos recuerdos.
Todo lapidado y entre lanzadas rocas
muerden el polvo y pierden lo cuerdo.
El negocio del cantinero, la muerte del alcohólico.
Ahí importa el dinero, y no las personas.
Por mucho que grite, no hay razón ni razonan...
Todo es nada, ante la llegada del elixir diabólico.
Salgo por donde llegué, el respirar hondo no mitiga mi tristeza
¡Hay tanto por perder!... ¡estas personas ya no tienen cabeza!.
Algo se ha de hacer... no podemos vivir en semanas de cerveza,
en la que su única preocupación, es llegar al viernes con centavos
para poder trocar su vergüenza por algún que otro trago.
Compartimos una botella.
Ellos con el vino y la inocencia,
yo con el llanto y la impotencia
y papá Gobierno alimentando las quimeras:
Beban, Beban. Que para eso son las fiestas