una lágrima
Poeta adicto al portal
Compromiso Telefónico
-El comienzo de mi aventura no fue acompañada de ningún desastre, a pesar de que albergabas tan negros presagios. Le dijo Julia desde París a su prometido por teléfono.
Recién hacía dos semanas desde su fiesta de compromiso con Ricardo y se había marchado a París a cubrir una noticia importantísima para el diario donde trabajaba, dejando a su futuro esposo en la ciudad de Buenos Aires.
Poco habían hablado de los temores de Ricardo quien, en esa charla, no se atrevió a decir que su mayor miedo era que ella lo abandonara, quizás quedándose en París con otro hombre o volviendo con su anillo de compromiso roto en una mano y la otra entrelazada en la mano de un caballero francés. La cuestión fue que después de haberse abrazado y besado en el aeropuerto, ella se dirigió al avión que la llevaría a Francia y él se quedó completamente quieto, como pensativo
- No, debo dejar de pensar esto que tanto me provoca y me lastima, ella volverá a mí. Pensó para sus adentros. Y así, convenciéndose a si mismo, siguió con su rutina laboral habitual Sólo sin pensar en ello.
Todas las tardes cuando volvía del trabajo a eso de las 5 de la tarde, Ricardo se sentaba ansioso junto al teléfono hasta las 17:35 horas que repiqueteaba y contestaba a su prometida. Conversaban una o dos horas, de sus trabajos, de los lugares visitados por Julia, del amor que compartían y de las ilusiones que tenían de estar juntos nuevamente; en París ya marcaban las 24 hs, la diferencia horaria no les permitía mucho tiempo más y Julia se despedía diciendo: -Piensa en mí, ya falta menos para que nos veamos, te amo. Colgaba.
La estadía de Julia pasó de quince días a un mes, porque el jefe de redacción pensó que ya que tenía a una corresponsal allá afuera era bueno que mandara más noticias, así que la mandó a quedarse. Ricardo apesumbrado al recibir la noticia se resignó a la idea de esperar más tiempo para reencontrarse con su amada.
En aquella ciudad romántica, que en sus noches la luz de la torre Eiffel opacaban las estrellas, Julia se sentía sola. La falta de sus afectos más cercanos, la solitaria compañía de su trabajo y el estrés que conllevaba sus obligaciones surgieron de pronto y se vio perdida emocionalmente.
En cuanto la invadió la tristeza fue a un bar, se embriagó de una manera drástica e increíble pues nunca había bebido más de una copa y menos aún en soledad. Volvió tambaleándose al apart-hotel donde se alojaba sintiéndose peor, si eso era posible, que antes.
Esto se hizo rutina.
Ya no cubría todas las noticias ni llamaba todos los días a Ricardo a quien le dijo algo así como: - no puedo llamarte ya a diario porque el jefe me acortó los viáticos
Se disponía, quizás inconcientemente, a la soledad.
Un día de esos que se pasaba de copas conoció a un parisino llamado Antuan y se fueron juntos, sin pensar realmente en lo que significaba. Se dirigieron al departamento del recién conocido. Se besaron apasionadamente, se desvistieron casi arrancándose la ropa e hicieron el amor como ella nunca lo había hecho y como siempre lo había soñado
Ya amanecía cuando Julia volvía al lugar donde residía y apenas entró en su habitación cayó desvanecida por el peso del dolor y la vergüenza, desangrándose en lágrimas Se sentía culpable, se sentía una mala mujer, se sentía sucia por dentro. Con un considerable esfuerzo se puso de pié, se acercó al teléfono, marcó a su casa y, antes de que empezara el tono de llamada, colgó. Se sentía incapaz de oír la voz de Ricardo, mucho menos contarle la deshonra que había cometido.
A partir de eso el tiempo pasó demasiado rápido, tal vez lo único que valiera la pena mencionar son algunos mensajes en el contestador:
-Mi amor soy yo. Me dejaste esperando junto al teléfono pero tu llamado no llegó. Avísame cuando tomas el vuelo así te espero en el aeropuerto. Estoy ansioso por verte. Te amo y no veo las horas de que llegues así puedo abrazarte.
Pasaron más o menos tres días hasta el próximo mensaje.
-Mi vida ¿por qué no me llamaste? Tu jefe me dijo que volvías antes de ayer a las 21 horas, fui a buscarte, te esperé mucho tiempo y luego pensé que quizás no llegabas ese día. Fui a diario a esperar los vuelos de Francia pero también fue en vano. ¿Adónde estas? Ya me empiezo a preocupar. Llámame por favor.
Transcurrieron algo así como dos semanas.
-Julia, iba a la policía cuando me encontré con tu compañero del diario y me dijo que estás bien, que hace apenas unos días hablaron con video-llamada y que te notó cansada pero bien. ¿Qué te ha pasado? Te extraño. Por favor dame noticias tuyas, no entiendo que ha pasado pero lo que sea podemos solucionarlo mientras estemos juntos. Quiero saber de ti.
Pasó un mes aproximadamente.
-Quiero saber que pasó con todo eso que dijimos que sentíamos cuando nos comprometimos. Se suponía que confiábamos el uno en el otro y siempre creí que te daba toda la comprensión y el espacio que necesitabas. Yo te sigo amando como el primer día en que te conocí pero necesito respuestas ante este inmenso signo de interrogación que has puesto entre nosotros. Vuelve, lo solucionaremos.
Luego de unas semanas.
-Me harté de esperar que te dignaras a llamar. Ya no soporto la pena con que despierto día a día. Debo seguir mi vida, tengo que hacerlo. No puedo pasar mis años esperándote. Aún espero tu llamada para aclarar esto que ha pasado.
Hoy no recuerdo cuando volvió a llamar Ricardo pero su último mensaje fue:
-Julia me informaron tus superiores que sigues en París y que aún mandas noticias periódicamente al diario pero nadie sabe explicarme por qué decidiste quedarte. Me alegró enterarme de que te encuentras bien y sana. Yo estoy sorprendido y muy desilusionado de tu comportamiento. Todavía no sé que te obligó a separarte así de mí pero creo que merezco saber con exactitud que ha pasado. Yo he continuado con mi vida con muchas preguntas, me casaré en julio para formar una familia, una familia que pensaba formarla contigo y sin embargo, hoy siento que nuestra unión fue sólo un compromiso telefónico
Natys Ruths