el acorde que producía tu mirada en el balcón
y pintaste un fortísimo con tus pasos
al salir dando un portazo de la habitación.
Y un glissando convertido en lágrima
de mis ojos se fugó
y el preludio de esa fuga
fue tu mirada fulminante,
que me hizo temblar en un rincón.
Te llevaste contigo mis sonrisas,
mi duende, mi fantasma
y un sueño que se cumplió solo por la mitad,
mientras tu voz pegada en la ventana,
no me dejaba respirar.
En mis ojos tu silueta se volvió un infinito calderón
que el espacio no podrá borrar jamás,
pero le daré tiempo al tiempo para que con su trino
haga que por mis sueños no vuelvas a caminar.
Arianna Herrera
Última edición: