Halloran
Poeta asiduo al portal
CON AMOR INFINITO
Primero fueron los oídos sordos
a palabras que herían como piedras
salidas de la boca y de los labios
que ayer fabricaron requiebros y besos.
Luego, la piel vivero de rosas,
jardín viviente a la luz del día,
sembradas por unas manos que fueron caricias,
seda suave con que vestir el cuerpo.
Después vino la pérdida del habla,
enmudecida el alma que no entiende
si el amor infinito que se entrega
puede nunca ser devuelto en ira.
Más tarde, sobrevino la ceguera
del ojo hinchado de llantos y golpes,
y el labio partido huérfano de besos,
y la sonrisa rota de sangre y sal.
Al final, un corazón ya muerto
da muerte a otro que aún palpita,
que ama y teme, con amor infinito
y el infinito temor a un nuevo día.
Primero fueron los oídos sordos
a palabras que herían como piedras
salidas de la boca y de los labios
que ayer fabricaron requiebros y besos.
Luego, la piel vivero de rosas,
jardín viviente a la luz del día,
sembradas por unas manos que fueron caricias,
seda suave con que vestir el cuerpo.
Después vino la pérdida del habla,
enmudecida el alma que no entiende
si el amor infinito que se entrega
puede nunca ser devuelto en ira.
Más tarde, sobrevino la ceguera
del ojo hinchado de llantos y golpes,
y el labio partido huérfano de besos,
y la sonrisa rota de sangre y sal.
Al final, un corazón ya muerto
da muerte a otro que aún palpita,
que ama y teme, con amor infinito
y el infinito temor a un nuevo día.