con cariño, para mi ex

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
todavía llevaba medio tanque
y ya pasaba de mediodía pero el sol brillaba fuerte en el cielo
y el ronroneo del motor sonaba de puta madre
y la carretera estaba poco transitada y las florecitas crecían
gráciles y bellas a los lados del camino

y más al fondo había árboles y arbustos y alguna que otra vaca
y a lo lejos se perfilaba el contorno ondulado de las colinas
con sus laderas de terciopelo verde brillando al sol

y de vez en cuando yo le metía un buen trago a la botella de whisky
y me sentía cada vez mejor y más en paz conmigo mismo
-mientras el alcohol me envolvía en su sedante caricia-
este puto viaje va a salir bien, me dije en determinado momento:
el camino discurre casi en línea recta, el clima está perfecto
el puto coche anda de maravilla y tengo un whisky de primera

iba en cuarta, relajado, canturreando una inocua cancioncilla
de esas que se le pegan a uno de oírlas cuando está tomando sus tragos en la grata compañía
de alguna amable damisela de cascos ligeros en cualquier congal de mala muerte
y apenas pisaba el pedal del gas porque la máquina respondía como si fuera un maclaren
transportándome raudo y veloz hacia el lejano horizonte inundado de luz

en realidad nunca vi de dónde salió aquel puto animal

y sólo cuando lo tuve a dos palmos frente a la trompa del coche
-allí en medio de la carretera, contemplando cómo se le iba encima una tonelada de acero-
me percaté de su inopinada y perpleja presencia:

me cago en la puta, me dije, qué chingados hago ahora

muchos en mi lugar habrían seguido de frente impertérritos
sin importarles una mierda llevarse puesto de corbata al maldito perro aquel
(después me di cuenta que era una perra)
muchos incluso habrían metido a fondo el pedal del gas
para darle matanga antes de tener tiempo para arrepentirse;
pero yo era un tipo con el corazón lleno de amor por todas las criaturas de esta jodida tierra
yo era un soñador que le otorgaba a la vida de cualquier ser el máximo valor
-yo era un pendejo, en pocas palabras-
no puedo matar al jodido perro, me dije, no tengo los huevos para hacer algo así
y mientras me lo decía le apliqué un relampagueante giro al volante
causando con ello que el coche perdiera la pista y se adentrara
dando tumbos a 90 por hora
en el adyacente terreno plagado de hoyancos, pedruscos y pequeños brotes de vegetación:
y que le reventara la suspensión y le tronaran dos neumáticos
y que acabara estampado en el tronco de un árbol
-la parte del frente se hundió medio metro dentro del habitáculo del motor-
y que yo perdiera dos piezas dentales y el whisky
y que el horizonte de luz al que conducía aquel viaje pasara a ser ya de pronto inalcanzable

por culpa de aquella maldita perra que en mala hora se cruzo en mi vida




.
 
Creo que es de los más tierno que nunca te he leído.
Hay animales que pueden arruinar y destruir toda una vida.
No importa el sexo,nos joden vivos.

Ir al dentista,el whisky y el coche son pormenores.
Estoy contigo.
Debería haberle atropellado y pasado por encima.

¡Maldito tipo!
 
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