Venga, tío, espabila ya las neuronas,
haz bailar ese lápiz en tu libreta,
imagínate un rato que eres poeta
derritiendo las faldas de cuarentonas.
No tendrás las medallas de las coronas
solapando solapas en tu chaqueta,
puede que árbitros duros saquen tarjeta,
señalándote errores, si desentonas.
Pero que no te amarguen rima ni acento,
que la estrofa no cobre rentas o daños,
ni las sílabas sean nunca un tormento.
Cuando escribas escribe con los extraños
materiales que afloran en el intento
de crear un poema con cuatro apaños.
haz bailar ese lápiz en tu libreta,
imagínate un rato que eres poeta
derritiendo las faldas de cuarentonas.
No tendrás las medallas de las coronas
solapando solapas en tu chaqueta,
puede que árbitros duros saquen tarjeta,
señalándote errores, si desentonas.
Pero que no te amarguen rima ni acento,
que la estrofa no cobre rentas o daños,
ni las sílabas sean nunca un tormento.
Cuando escribas escribe con los extraños
materiales que afloran en el intento
de crear un poema con cuatro apaños.
Última edición: