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Con el último grito

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Aún no había amanecido y el hombre salio de su casa con el candil apagado, todavía no hacia falta, conocía al detalle los caminos y sus piedras, pronto dejaría las últimas calles del pueblo, lejos, montaría en su pequeña barca, algo rota, remendada y echaría la red, esa red, tantas veces recosida y esperaría con silencio acompasado, la llegada de sus presas.

Esa noche no encendió el candil, hasta le molestó que amaneciera, pues no quería contemplar al asesino de su padre y de su hijo... Le maldijo por no haber sido él también tragado y espantó las aguas con su grito.

Después calló, volvió el silencio y esperó, sabía que se repetiría su pesadilla, saldrían a encontrarse otra vez con él...

Le pesaban los parpados y los años agolpados de repente en su contorno y por fin, se aclaró la espuma, se hizo transparente, aguanto la respiración. escudrillando el infinito con ternura nueva...Los vio de repente, estaban ahí, delante de su barca, jugando, saltando y bebiendo sorbos de mar...los vio, les oyó reír a carcajadas, le ignoraban por completo...Pensó ¿seré yo el que esta muerto? lEs llamó hinchando sus pulmones, hasta que su vientre se le perdió en el esqueleto...Cayo por la borda hasta el fondo...No le importaba, por fin pensó... Podré vivir otra vez entre ellos....

Con el último grito, su padre y su hijo, saltaron del delfín... Nadando y jugando lo arrastraron.

Sola quedó la barca, alguien encendió el candil... Unos cuantos la recogieron, venía cansada de esperar a su dueño.



Rosario de Cuenca Esteban


[MUSICA]http://club2.telepolis.com/eubarmar/inicial_z/zambra_granadina-albeniz.mid[/MUSICA]
 
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Aún no había amanecido y el hombre salio de su casa con el candil apagado, todavía no hacia falta, conocía al detalle los caminos y sus piedras, pronto dejaría las últimas calles del pueblo, lejos montaría en su pequeña barca, algo rota, remendada y echaría la red, esa red, tantas veces recosida y esperaría con silencio acompasado, la llegada de sus presas.

Esa noche no encendió el candil, hasta le molestó que amaneciera, pues no quería contemplar al asesino de su padre y de su hijo... le maldijo por no haber sido él también tragado y espantó las aguas con su grito.

Después calló, volvió el silencio y esperó, sabía que se repetiría su pesadilla, saldrían a encontrarse otra vez con él...

Le pesaban los parpados y los años agolpados de repente en su contorno y por fin, se aclaró la espuma, se hizo transparente, aguanto la respiración. escudriñando el infinito con ternura nueva...Los vio de repente, estaban ahí, delante de su barca, jugando, saltando y bebiendo sorbos de mar...los vio, les oyó reír a carcajadas, le ignoraban por completo...Pensó ¿seré yo el que esta muerto? les llamó hinchando sus pulmones, hasta que su vientre se le perdió en el esqueleto...Cayo por la borda hasta el fondo...No le importaba, por fin pensó... podré vivir otra vez entre ellos....

Con el último grito, su padre y su hijo, saltaron del delfín... Nadando y jugando lo arrastraron.

Sola quedó la barca, alguien encendió el candil... Unos cuantos la recogieron, venía cansada de esperar a su dueño.



Rosario de Cuenca Esteban






Buenísimoooooo, me ha encantado, ese fiero mar, a veces la juega sin explicaciones.
Bellas imágenes a pesar de lo triste del tema.
Estrellas mil y besos, hoy solo uno, por rebelde.

 
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