CON LA CAMISA ESCARLATA
Lo encontraron en el río
con la camisa escarlata
y su rostro, antes moreno,
luciendo color de nácar.
Le sorprendía la muerte
vestido el cielo de malvas
que apagaban la frescura
del rocío y de la escarcha.
Iba cantando y feliz
caminando por la fraga
y tres rivales de amores
le atravesaban la espalda.
Moría sin conocer
quién le clavó la navaja
porque los tres justicieros
nunca mostraron sus caras.
El sendero fue testigo
del asalto en la cañada
que acababa con su vida
por deseos de venganza.
Y los ángeles del cielo
con espinas en el alma
pusieron sobre su cuerpo
amatistas y esmeraldas.
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