alejandro guardiola
Poeta adicto al portal
Con la mirada perdida y los ojos vidriosos
en una noche triste en que la luna lloraba
te vi alejarte por aquel camino angosto
mientras mi corazón en vano te imploraba
Nuestro hijo a mi lado te llamaba desesperadamente
más tú no podías volver pues la muerte te arrebataba
encima de aquel carruaje que andaba pausadamente
se iba aquella mujer, aquella a la que tanto amaba
Poco a poco su ataúd lo fui perdiendo de vista
debajo de las paladas de tierra que lo tapaban
viéndolo desaparecer sentía mi alma vieja y rota
mientras las lágrimas de mis ojos el suelo mojaban
Di la vuelta hacia la casa con el niño entre mis brazos
que con su vocecita me preguntaba porque no regresaba
yo lo llené de besos y lo estreché entre mis brazos
pues no hallaba respuesta que su pena mitigara
en una noche triste en que la luna lloraba
te vi alejarte por aquel camino angosto
mientras mi corazón en vano te imploraba
Nuestro hijo a mi lado te llamaba desesperadamente
más tú no podías volver pues la muerte te arrebataba
encima de aquel carruaje que andaba pausadamente
se iba aquella mujer, aquella a la que tanto amaba
Poco a poco su ataúd lo fui perdiendo de vista
debajo de las paladas de tierra que lo tapaban
viéndolo desaparecer sentía mi alma vieja y rota
mientras las lágrimas de mis ojos el suelo mojaban
Di la vuelta hacia la casa con el niño entre mis brazos
que con su vocecita me preguntaba porque no regresaba
yo lo llené de besos y lo estreché entre mis brazos
pues no hallaba respuesta que su pena mitigara