iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Viajan ausentes y mudos los deseos.
Tratan de hacerme olvidar el pasado, las palabras
juradas ante altares llenos de santos y cartas.
Es una vela prendida sobre la mesa la noche
en que se fue la luz en la calle,
cuando nadie mira titila,
cuando nadie ve alumbra
algo parecido a tu cara.
Es una luz que crece como las madreselvas
y la hierba mala, como plaga.
Como infección dentro de la herida encarnada.
Viajan como silencios que la boca vomita,
en las venas, en los vasos
desbordantes. Nunca hay
una fijación constante entre las piernas,
va de acuerdo al día del calendario,
onomásticos y días de fiesta.
Se atraviesan cantidad de santos
que parece feria
y cada uno de ellos agrega cuentas
al rosario.
Cada nombre escrito en un trozo de piel
hace una fila tan larga como
las lágrimas apiladas sobre las manos.
Puedo decir que el llanto tiene voz propia,
que se ha alzado
que canta canciones inventadas y grita
sobre el hombro, los secretos
que no se han guardado.
Puedo decir que el llanto tiene rostro
propio, calcinado por el fuego de una ira ciega
que le ha quemado la cuna
y se ha apagado.
Puedo decir que un beso bastó para romper
el alma y todos los minutos,
para vaciarle encima un montón de puños
y odios
y no volver a cerrar con la misma llave
los labios, los ojos y las desgracias.
Tratan de hacerme olvidar el pasado, las palabras
juradas ante altares llenos de santos y cartas.
Es una vela prendida sobre la mesa la noche
en que se fue la luz en la calle,
cuando nadie mira titila,
cuando nadie ve alumbra
algo parecido a tu cara.
Es una luz que crece como las madreselvas
y la hierba mala, como plaga.
Como infección dentro de la herida encarnada.
Viajan como silencios que la boca vomita,
en las venas, en los vasos
desbordantes. Nunca hay
una fijación constante entre las piernas,
va de acuerdo al día del calendario,
onomásticos y días de fiesta.
Se atraviesan cantidad de santos
que parece feria
y cada uno de ellos agrega cuentas
al rosario.
Cada nombre escrito en un trozo de piel
hace una fila tan larga como
las lágrimas apiladas sobre las manos.
Puedo decir que el llanto tiene voz propia,
que se ha alzado
que canta canciones inventadas y grita
sobre el hombro, los secretos
que no se han guardado.
Puedo decir que el llanto tiene rostro
propio, calcinado por el fuego de una ira ciega
que le ha quemado la cuna
y se ha apagado.
Puedo decir que un beso bastó para romper
el alma y todos los minutos,
para vaciarle encima un montón de puños
y odios
y no volver a cerrar con la misma llave
los labios, los ojos y las desgracias.