"Soneto eneasílabo" con acentos en 4 y 8. Se nota un trabajo prolijo en la métrica y ritmo.
Nota: aún cuando el soneto es por definición endecasílabo, varios autores han usado otras métricas como en arte menor (sonetillo), o el eneasílabo expuesto.
Por ejemplo Rubén Darío escribió sonetos hexasílabos, octosílabos, eneasílabos, los usuales endecasílabos, decasílabos, tridecasílabos, alejandrinos (dos hemistiquios heptasílabos), y hasta heptadecasílabos.
Cierto; yo tengo sonetos y/o sonetillos desde tetrasílabos hasta alejandrinos ( Rubén Darío me parece grandioso en todos sus formatos, pero a los alejandrinos los hace vibrar, pura pornografía), gusto mucho de la métrica, aunque tengo poemas no del todo ortodoxos procuro cuidar métricas y ritmos, evidentemente la calidad es la que es, en este caso a mi juicio ( ya que de eso va el caso) es mala, muy por debajo de lo que puedo ofrecer, que es poco.
Dejo la muestra, saludos.
Esmerejón
Un vencejo
que volando,
un terrón
que en el suelo.
Un espejo
que acosando,
un halcón
sin señuelo.
Terroncito
entre llanos,
noble amor
de majanos
y un frasquito
cazador.
Sirenas
En Capri, a las sirenas quiero ver
y, desbocado, al hipocambo sobre
furias de Poseidón, y con lo pobre
de mi equipaje al leviatán vencer.
Y de Calipso, descubrir su cueva,
y dejarme engañar en su jardín,
para escaparme navegando, al fin;
y a esa Itaca buscar que mi ancla leva.
Y que en mi ser se esconda el mar y huela,
mi piel salada, a brisa de misterio
que más allá de nieblas se desvela.
¿Se empequeñece el mundo sin cauterio?
llevo, en mis venas, amansadas penas...
como babas peinando a las arenas.
SirenasII
Armaré bien la barca para el viento norteño,
y saldré tras sirenas, tras amor de tabernas;
arrimarme a algún puerto de canciones muy tiernas
y saciarme; y partiendo cuando falte ya el sueño.
Y subirme a la barca que navega sin dueño,
y acercarme a la isla de las ninfas eternas
(y con un catalejo buscaré las cavernas),
y amarrarme a sus rocas y sentir su aire isleño;
y volar gavilanes, y saciarme de vino,
y bañarme en las fuentes del jardín más divino,
y cuidar de sus viñas y quererlas binar,
y dormir en la cueva... y en el lecho endiosado
abrazarme a la ninfa y a su tiempo parado.
Y subiendo a la barca busco el trueno del mar.