camicho
Poeta asiduo al portal
Con mirada esquiva, observa.
Se desliza entre los árboles,
acecha el victimario.
El cálculo parece exacto.
No hay sospecha entre la hierba
todo es tranquilo , todo es verde
de pronto se divisa ya el canario
y como en un espectáculo desaparece en el acto.
El agresor ha equivocado el paso
y en estrepitoso impacto
ha dejado rastro.
Hay marcas en las ramas
donde el ave reposaba
astillado por un lado ,
pareciera un pacto
sellado con pasto ;
incrustado éste en la huellas
que la mandíbula ha dejado.
En silencio plumas caen;
El viento sugiriendo duelo
las asciende por momentos
retrasando el contacto con el suelo,
como hechizadas , indignadas saben
se posan todas en un sendero
por el que el agresor hizo sus movimientos
y por el cual escapa aguantando el aliento.
El dolor agudiza por la presión de las fauces.
Un grito mudo que al verlo ensordece
mientras la lucha por la vida se hace inconstante.
La presa ha resistido en todo momento
extendiendo sus alas en plan de vuelo
aun cuando quebradas realiza su aleteo,
con sangre su cuerpo y cárcel está decorando.
El captor en su andar todo lo ha notado
mientras saborea el licor granate
su instinto queda motivado.
Con su ultimo esfuerzo la cabeza ha librado.
Con una violenta y breve sacudida basta
para extinguir una vida.
El asesino de tregua se ha colmado
Amplia el calibre de su laringe
y al ave ingiere sin reparo.
Al tiempo las vísceras estallan,
la sangre se vierte
gotea por el pico,
dejando los prados verdes
regados poco a poco
con un delgado hilo rojo.
Las pruebas del crimen narrado
en lento o en rápido paso
a la vista se destacan en el prado.
Al parecer una constante
este episodio es por todos ignorado.
A la voz elegante que peina el campo
de pronto se le ha silenciado y un parpadeo
El cantante es remplazado.
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