Kiarita
Poeta recién llegado
Viví en el espacio más húmedo de la habitación del único mueble que expiraba la suavidad de la locura donde se dibujaba la dulce réplica de mi oración.
Urge trasponer los hilvanes del amor, urge auxiliar a las apotemas y a los barnices, a la quietud y a la oración para disponerlos en la uniformidad de los paralelos y armonizar las tramas de los textos perfectos.
Galopa a la libertad de la longitud, del diámetro y de la distancia entre las nubes mas distintas que gritan a la felicidad, al cariño, a la inmensidad autentica de la caricia y de la simpática adulación.
Otoño hermoso que en ti oscila el trance de los días, mis recuerdos profundos de lo infinito amado, del sentido que olvida la arbitraria mañana, del universo que edifica la grandeza del alma.
Interrumpí de la forma más sutil como la luna a las estrellas en su placido festín, para hacerles recordar de la tertulia lozana que los amantes ya dejaron.
Cuita desmedida por la longeva especulación de las frases, aquellas que no terminan con la revisión de un texto sino con la pasión de los corazones que se unen para descifrar la naturaleza de sus ideas.
Tatuando al firmamento de las voces, los amaneceres se cobijan para escuchar el susurro exaltado de las codicias, los hermosos besos o los canticos del alba que no desean ser avivados.
Oíd! el tris de los pasos cansados que juntos partieron anhelando la armonía de los sueños, el cántico eterno de la mas exquisita quietud por alcanzar la celebridad de sus sentimientos.
Rayar el universo quisiera con mil recuerdos para con ellos vivir, hoy estoy deseando tenerte, estoy quedando por verte y me llevo el diáfano cristal que animará a los barnices acalorados
Cuita desmedida por la longeva especulación de las frases, aquellas que no terminan con la revisión de un texto sino con la pasión de los corazones que se unen para descifrar la naturaleza de sus ideas.
Tatuando al firmamento de las voces, los amaneceres se cobijan para escuchar el susurro exaltado de las codicias, los hermosos besos o los canticos del alba que no desean ser avivados.
Oíd! el tris de los pasos cansados que juntos partieron anhelando la armonía de los sueños, el cántico eterno de la mas exquisita quietud por alcanzar la celebridad de sus sentimientos.
Rayar el universo quisiera con mil recuerdos para con ellos vivir, hoy estoy deseando tenerte, estoy quedando por verte y me llevo el diáfano cristal que animará a los barnices acalorados
Heráldico apotema del amor que soporta la ternura de los astros, la gravedad de los placeres y las más preciadas hélices de las rosas que se organizan en la espesura del laberinto.
Urge trasponer los hilvanes del amor, urge auxiliar a las apotemas y a los barnices, a la quietud y a la oración para disponerlos en la uniformidad de los paralelos y armonizar las tramas de los textos perfectos.
Galopa a la libertad de la longitud, del diámetro y de la distancia entre las nubes mas distintas que gritan a la felicidad, al cariño, a la inmensidad autentica de la caricia y de la simpática adulación.
Otoño hermoso que en ti oscila el trance de los días, mis recuerdos profundos de lo infinito amado, del sentido que olvida la arbitraria mañana, del universo que edifica la grandeza del alma.
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