José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora, más tranquilo,
Ya encerrado en mi sarcrófago
oigo las voces cantar:
- Tres gaviotas
silenciando el mar.
Suave remanso de amor y paz.
Anidándome.
- Tu goleta
recorriendo el mar.
Sumo los días cuando no estás.
Recordándote.
- Tropezando.
con la gran ciudad.
Sólo una sombra.
Reflejándose.
Después, de los cánticos
bajo la escalera
y regreso a mis infiernos.
Si esta vida es un remanso de amor y paz
me quemaré en el infierno
donde nací,
donde el mar es sangre
y la goleta es la navaja que te abre las entrañas.
La ciudad es el cementerio
y la sombra es mi cadáver una vez más.
Ya encerrado en mi sarcrófago
oigo las voces cantar:
- Tres gaviotas
silenciando el mar.
Suave remanso de amor y paz.
Anidándome.
- Tu goleta
recorriendo el mar.
Sumo los días cuando no estás.
Recordándote.
- Tropezando.
con la gran ciudad.
Sólo una sombra.
Reflejándose.
Después, de los cánticos
bajo la escalera
y regreso a mis infiernos.
Si esta vida es un remanso de amor y paz
me quemaré en el infierno
donde nací,
donde el mar es sangre
y la goleta es la navaja que te abre las entrañas.
La ciudad es el cementerio
y la sombra es mi cadáver una vez más.