Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Con tus manos recorro tu piel,
con tus ojos desprendo los días, semanas, meses,
para estar de pie, y no el revés,
con tejido de manos y pieles, descubro tu cuerpo dormido,
despierto con él cuando anochece el hechizo de tu negrura,
y me despierta sin ojos, tu hermosura,
te canto despierto, te canto desnudo, revierto las horas despacio,
como luna en movimiento, como noches despierto, como manos ocultas,
como el oro amarillo que se vuelve violeta, a esperas, despierta,
como me esperas cuando vuelvo de estar hablando con el día, medio dormido,
medio anochecido, con tus manos por delante, con tus rostros expectantes,
boquiabierta,
despierta, musitante, desierta, como el mar negro de tus almas dormidas,
abastecidas de placeres, de vaivenes, con durmientes y trenes, con esas manos crujientes en tus dientes, que se mecen, se enternecen, me miran y despliegan, verdes luminarias de repente, como en un instante, refulgentes,
adormecidas, dolientes, musitantes, con tus manos abiertas, de par en par,
cuando meces tu cuerpo con el mío y gimes los deseos y placeres,
en atardeceres, en silentes manos entreabiertas, que se posan en las mías y me advierten, me sugieren momentos electrizantes, maravillosos, sinuosos,
con tus manos que apetecen abrazarme,
desearme y rociarme con tus ojos negros y blancos, de madrugada,
refugiada en tus manos,
con tus manos,
con la espera musitada,
con los años.
con tus ojos desprendo los días, semanas, meses,
para estar de pie, y no el revés,
con tejido de manos y pieles, descubro tu cuerpo dormido,
despierto con él cuando anochece el hechizo de tu negrura,
y me despierta sin ojos, tu hermosura,
te canto despierto, te canto desnudo, revierto las horas despacio,
como luna en movimiento, como noches despierto, como manos ocultas,
como el oro amarillo que se vuelve violeta, a esperas, despierta,
como me esperas cuando vuelvo de estar hablando con el día, medio dormido,
medio anochecido, con tus manos por delante, con tus rostros expectantes,
boquiabierta,
despierta, musitante, desierta, como el mar negro de tus almas dormidas,
abastecidas de placeres, de vaivenes, con durmientes y trenes, con esas manos crujientes en tus dientes, que se mecen, se enternecen, me miran y despliegan, verdes luminarias de repente, como en un instante, refulgentes,
adormecidas, dolientes, musitantes, con tus manos abiertas, de par en par,
cuando meces tu cuerpo con el mío y gimes los deseos y placeres,
en atardeceres, en silentes manos entreabiertas, que se posan en las mías y me advierten, me sugieren momentos electrizantes, maravillosos, sinuosos,
con tus manos que apetecen abrazarme,
desearme y rociarme con tus ojos negros y blancos, de madrugada,
refugiada en tus manos,
con tus manos,
con la espera musitada,
con los años.