Hortencia
Poeta que considera el portal su segunda casa
El mar tiene conciencia,
casi humana,
recoge la ciega de las estrellas:
solitarias.
No duerme en la noche cuando brama.
La espuma huye miedosa hasta la arena,
para morir en humedades,
de un pantano.
El tampoco sueña en la mañana,
con tantos silencios escondidos,
gritando cicatrices de grietas olvidadas.
Explotando como lava de volcanes,
queriendo tragar el cielo y su luna;
implorando deje gobernar con sus
corrientes.
El corazón de sus corales